Monday, March 14, 2016

YA NO SIRVE DE NADA (buscando la ternura perdida)


Dedicado a mi primo Luis, que mató a su cáncer en diciembre del 2015.
Te echaré de menos, socio!


CUANDO LUIS alcanzó la paz interior.
(Hasta luego, Luis... en un tiempo cruzaré ese puente contigo)

Vida y muerte son importantes. No sufras en vano.
-Bodhidharma. Primer Patriarca Zen.

La dignidad.
Es importante.
Afrontar las cosas de frente.
Eso me ha enseñado mi primo Luis
desde que le diagnosticaron el tumor cerebral.

Afortunadamente, a su lado
también ha tenido una gran compañera de viaje:
su mujer, Paloma.

Y una gran motivación: su hija.

Y un gran apoyo: sus padres, su hermano, el resto de su familia, sus amigos…

Esto es una gran lección de vida,
que espero aprovechar con gran sensibilidad por mi parte.
Aprendizaje vital.

Él , sin lugar a dudas, ha conseguido llegar a ese estado zen
del que siempre hablaba con brillo en los ojos:

Ha Situado su mente en un estado similar al del espacio ilimitado,
pero sin apegarse a la idea de vacío.
Ha dejado que funcione libremente.
realizando cualquier actividad o descansando,
(él ahora está descansando)
no permitiendo que su mente se detenga en nada.
Él ha olvidado la iluminació, las voces a su alrededor.
Ahora ha conseguido ignorar la diferencia entre sujeto y objeto.
Ahora está dejando que la esencia de su propia mente
y todos los objetos externos permanezcan tal y como son.
Ahora, en este mismo momento, su estado de paz interior
es permanente.

Luego, para los que nos quedamos
toca aprender de nuevo a respirar...
Y abrazar a los que, como nosotros mismos, se quedan en el Hoy
y no olvidar a los que nos dejaron en el ayer,
ya que sólo se mueren aquellos que se olvidan…

En mis recuerdos está su música.
Su sensibilidad.
Siempre pensé que su guitarra era su mejor instrumento para expresar ternura.
No era muy hablador, pero su música sí.
En parte, creo que mi pasión por la música se la debo a él.
A todas aquellas horas que pasamos escuchando Radio 3 en aquellos veranos interminables en el pueblo de nuestros padres...
Y sabéis una cosa?.
La música de mi primo Luis siempre resonará en mi cabeza.
Siempre.
Por eso creo que lo mejor sería acabar por hoy con una de sus canciones preferidas:

ISLANDS, DE King Crimson

La tierra, el arroyo y el árbol rodeados por el mar,
las olas barren la arena de mi isla.
Mi puesta de sol se desvanecen.
El campo y la hierba sólo esperan a que llueva,
grano a grano el amor corroe mis
desgastados muros, los que me defienden de la marea,
acunan al viento
hacia mi isla.

La fina arena sube hasta donde están las gaviotas
y planean, tristemente planean sobre mi isla.
Mi blanco velo de novia, frío y pálido,
lo disuelve el Sol.
La telaraña del amor está hilada -
los gatos cazan, los ratones corren, los cogen por la
fuerza en las zarzas donde los búhos conocen mis ojos,
cielos morados
tocan mi isla,
me tocan a mí.

Bajo las brisas el viento,
paz infinita,
las islas unen sus manos
bajo el mar celestial.

Oscuros muelles del puerto, como dedos de piedra
ávidamente alcanzan mi isla.
Agarran las palabras del marinero - perlas y calabazas
se esparcen en mi orilla.
Indistinto al amor, atado en círculos.
La tierra, el arroyo y el árbol regresan al mar,
las olas barren la arena de mi isla,
me barren a mí.

P.D.
Cuestión de punto de vista.
Ayer por la noche murió mi primo Luis.
Algunos piensan que lo mató el tumor cerebral que llevaba dentro.
Otra persona, con gran capacidad visionaria, asegura que ha sido al revés. Que ha sido él el que ha matado al tumor con su propia muerte.
Y tiene razón.
Mi primo mató a su cáncer.
 
 

Saturday, March 12, 2016

MI PEQUEÑO LÉOLO


Mi pequeño Léolo
Texto: Raquel Delgado
Música: Luis José Fernández
Proyecto: Bad Karma
Óptika Orgánika: José Manuel Vara


Texto:

Mi pequeño Léolo, me hallo sostenida en la cuerda floja. Soy como aquella funámbula que caminaba a gran altura entre atisbo y reflexión. Sueño contigo, por eso sé que soy. Me fascina empaparme de esa riqueza oculta en tus silencios, silencio en el que me reflejo, ahora que ya no digo nada. Se precisa inteligencia y sensibilidad para descifrar los pequeños oasis en los que eres a pesar de lo que te rodea. Simplemente eres, y eso justifica cada bocanada de aire que tragas a regañadientes. Sabes? Porque sueño, yo tampoco lo estoy. Porque me alejo del murmullo y las sombras como tú de la cotidianidad.
   Cada noche le pongo un nombre a un grillo, y espero que se quede junto a mi cama, pero los grillos desaparecen cada vez que rechino los dientes, así que cada mañana amanezco sola, y busco con empeño otro más grande, más hermoso, y lo bautizo con un nuevo nombre, pero la noche es cíclica, como los grillos y sus nombres, como los sueños y los miedos, como yo, cíclica de entrañas para arriba, cíclica y rota, muerta por momentos, encerrada en un cuerpo prestado lleno de agujeros negros por los que me cuelo de vez en cuando y me rindo al placer de la otra realidad, la que algunos llaman paranoia. Son estúpidos! no entienden de dimensiones fragmentadas, no conocen la dualidad del titiritero, ni han paladeado la incertidumbre en plena metástasis orgásmica.
   La metáfora Léolo, el secreto está en la metáfora, como cuando digo que me llueven las entrañas, como cuando rechino los dientes, o invento palabras que por su cacofonía resultan más elocuentes que su aburrida morfología.
   Allí, en el otro lado, he creado un refugio frondoso en el que paseo desnuda. Tengo un manantial de versos no dichos, y de vez en cuando invoco la silueta de quien en pocas ocasiones me nombra para invitarlo en secreto a nadar en él. Le dibujo los besos que podrían ser y no son, pero las siluetas no saben bailar piel con piel y poco a poco el manantial va perdiendo brillo. Me aterra que un día se seque, por eso no digo, por eso callo los versos que podrían ser y no son, por eso sueño.
   Pinto a brochazos miradas improvisadas para no salir corriendo cuando nuestras bocas se encuentren cara a cara y decidan comerse hasta la asfixia, tal vez en el otro lado, en el paréntesis de los sueños excelsos. Me busco en el yo del otro lado que no soy, pero podria.
   Tú supiste encontrarme y ahora tu mundo me lleva a conocerme desde dentro, a reconocerme en tus paisajes, siempre al filo entre locura y ensoñación.
   A veces es preciso enloquecer para no perder la cordura, por eso sueño Léolo, por eso sueño... Para no sentir las ausencias que me hacen pequeña, para no rendirme ante la posibilidad de desfallecer, sin embargo cada día sueño menos, sueño menos y tengo miedo, porque quien no sueña, quien no ama, vive muerto y yo no quiero morir.
   Apenas queda un hilo de aire, apenas las pupilas dilatadas, apenas el recuerdo de unos labios que me hacían soñar... pero ya no Léolo, ya no.
   Tal vez ya no esté aquí, tal vez me haya liberado del estigma, de la camisa de fuerza, del bozal de perro, no sé, no importa, me siento libre, ahora soy, en el otro lado, libre, soy, y te escribo sin manos, y te nombro a tientas, y te sueño. Léolo, de nuevo sueño.
   Léolo, mi pequeño Léolo, no te rindas, huye, huye más allá del fotograma, impregna de versos el blanco, de besos a Bianca, de ti al resto. Sueño, ... sueño, ... Hay que soñar, Léolo, hay que soñar. 


Proyecto Bad Karma
Dedicado a Luis,
que mató a su tumor cerebral en diciembre del 2015.
"Se te recuerda, primo"
 


Thursday, March 10, 2016

CREDO.

CREDO, de Vara.

Creo en la gente que apenas te conoce y te exige cosas.
Creo en la hipocresía de las familias.
Creo en la irracionalidad del ser humano.
Creo en la incapacidad del ser humano de aprender de sus errores.
Cada guerra o acto de violencia por minúsculo que sea en cualquier lugar del mundo es una prueba irrefutable de ello.
Creo en la música de The Cure.
Creo en el credo de Ballard.
Creo en la fuerza creativa de los graffitis urbanos.
Creo en la neurosis.
Creo en que no estamos haciendo nada nuevo,
que somos como esferas en una espiral estúpida.
Creo en el humo que sale de las chimeneas de las fábricas.
Creo en la nada post-mortem.
Creo en la incapacidad del ser humano de explorar a fondo su lado más emocional.
Creo en las almas torturadas.
Creo en la incomunicación generada por las nuevas tecnologías.
Creo, hoy más que nunca, en los versos de Alejandra Pizarnik,
en los pétalos podridos de sus alas,
en las copitas de vino agrio de su razón,
en el vacío bien pensado de su vida,
en el tajo en la silla de su cuerpo,
... en el gong infantil de su vaivén,
en el cero disimulado de su rostro
y en los trozos de infinito de sus ojos.
Creo en la geometría interior desordenada en fragmentos fotográficos
de Francesca Woodman
y en la apocalíptica belleza de su verbo:
“Mi vida en este punto es como un sedimento muy viejo en una taza de café y preferiría morir joven dejando varias realizaciones… en vez de ir borrando atropelladamente todas estas cosas delicadas…”.
Creo en "esa niña que se identifica con el cosmos cuando la lluvia se da de ostias contra el columpio",
Creo en "Esta tormenta que nos miente al subconsciente para estar alerta",
Creo en que "las nubes son más ciertas que nosotros",
creo en la química bastarda de algunos espíritus que se encuentran en el camino,
creo en la lluvia
y creo en el giraluna de Aute
y en que la vida, muy a menudo, nos rima .
Creo que, como dice Mareva Mayo :
"El mejor modo de huir es el que sucede cuando no te mueves de sitio".
Creo en la Melaconlía.
Y creo que "he dejado de creer en muchas cosas"
Y creo también que es un proceso irreversible .



 Creo que es bueno recuperar este poema en este nuevo momento. Gracias.






Self portrait. Metro de Horta. Barcelona.

Volver y escapar de la densidad de la comunicación cero, pero aparente.

Volver y escapar de la densidad de la comunicación cero, pero aparente.

El placer. El placer de regresar al útero de lo casi invisible.
Escapar de la densidad de la comunicación cero, pero aparente. Black Mirror. El principio del fin.

Volver a ese momento íntimo...

A esa poesía descarnada escrita por mujeres que son fieras de sí mismas. Fieras de una sociedad que no derrama una lágrima por ellas.

Hace poco me han invitado a hacer un epílogo para un libro de 5 poetas. Intensas. tremendas. sinceras. viscerales o no, pero auténticas e incorruptibles.
Lo he hecho visceral, pero no sirve. El poder de lo convencional nos seduce. Pero, recuerdo que dejé de ser convencional hace años... y desde que trabajo en lo que trabajo le he perdido completamente la pista a esa palabra... a ese término que huele a "convencional". Pero, entiendo a la editora, ese diamante en bruto en medio de la mediocridad del momentazo actual que vivimos en que TODO EL MUNDO ES POETA...
De hecho, yo en breve, dejo un club al que quiero mucho... pero, todo en la vida son ciclos y hay que reconocer cuando llega el tuyo, tu propio fin... como buen "esquimal de los de antes"... ese harakiri emocional, ese ave fénix que, en el fondo, renuncia a serlo...
Ya no hay generaciones, generaciones de nuevos escritores que digan algo que conmueva a la humanidad, porque la humanidad murió, ya que sólo quedamos cuatro que en el metro leemos libros... ese volver a leer, ese redescubrir el placer del escapismo que la ficción puede proporcionarnos... todavía... ese
Volver y escapar de la densidad de la comunicación cero, pero aparente.
Volver a ese momento íntimo.
y NO DIRÉ NOMBRES ESTA VEZ, como en esa película aparentemente francesa donde los amantes follan sin decirse los nombres... porque lo de debajo de la piel quema... de forma irreversible.

¿Y qué coño dicen esas poetas que lo son?
Cosas como las que siguen:

    Esta es la noche del guateque, esta es la noche del cazador. Esta es la noche en que jugamos a la ruleta rusa todos los veteranos del Vietnam. Esta es la noche en la que yo, mujer educada y contundente, les hablo despacio como sólo se le habla a un niño, después de una invitación al vacío en los ojos del mar muerto. Esta es la noche. Esa noche.
   Esta es la noche de aporrear baquetas invisibles sobre espacios tímidos donde mis piernas sólo están abiertas para ti y para todos los veteranos del Vietnam que juegan a la ruleta rusa la noche del cazador, mientras la Dolce Vita de Fellini se cobija bajo mi árbol en esta fiera noche de tormenta, donde los adioses son y serán sólo para siempre. Esta es la noche. Esa noche.
   Esta es la noche donde pondremos el taxímetro a cero y ofertaremos nuestros cuerpos desnudos sin caretas, sin roles, sin nombre ni apellidos, ni huella digital, ya que esta es, definitivamente, la noche. La noche del cazador. Y el cargador está repleto de balas. Esta es la noche. Esa noche en que jugamos a la ruleta rusa todos los veteranos del Vietnam. La noche donde se cuaja el ansia, el ansia de no tener.

   El ansia de no tener, del abandono a secas. La sombría ausencia de quien existe tanto, pero no está. La ausencia. La carencia en sí. La nada absoluta. Números que no sirven y no querer ver nada más. La ausencia. Herida. Rota. Ausencia del gesto. La nada. Gritar sin voz. No saber nombrar. Números que no sirven una vez más y haber olvidado cómo se quiere. No sentir porque yo, carne y sangre de tu vida, guardo la memoria de tu adiós en mi regazo, junto al ansia de no tener, del abandono a secas, con esa sensación de batalla perdida. Cuando siento que poco a poco nada tiene sentido, salvo para los locos, los salvajes, los que no se dejan domesticar,
   (los más cuerdos entonces)
   que tienen el triunfo asegurado. Benditos sean aquellos que han logrado sobrevivir al destierro. Ese destierro. Ese ansia de no tener, del abandono a secas. Benditos como ese momento, que todo hombre y toda mujer deben superar, ese momento posterior al adiós extremo en que el alma sufre un estado muy particular, más allá del ansia. El ansia de no tener, del abandono a secas. Y tal vez sea esta noche donde pondremos los taxímetros a cero para jugar a la ruleta rusa con los veteranos del Vietnam.

   Mírame. Más allá del revolver cargado de balas que usan los veteranos de ese Vietnam cada vez más ausente, y más cercano del abandono a secas. Por eso te digo: mírame.   No te avergüences de mi impúdica figura. No ladees la cabeza y clava en mí tu mirada más concupiscente. Mírame con los ojos febriles del adolescente. Te ha vencido el veneno de la hermosa flor abierta para ti, sólo para ti. Mírame con la boca del sediento en medio del mar, porque, en el fondo, sabes lo que soy: una sirena que escapa a sus eslabones, aunque en tu deseo me comas el alma. Y aunque yo ya no sienta nada cuando con tu mano buscas el milagro de mis bragas mojadas debajo de la falda. Mírame, porque yo ya no soy tu esclava, ni tu sumisa amante. Mírame, te digo, ya que ahora soy la mujer con alas de cuervo, la que destila lágrimas negras y borrosas al final de una función sin público, la que se ganó a pulso el falso título de “mujer fatal” y todos la creyeron… y que, en el fondo, no es más que una niña asustada, sola en una caverna de sombras donde consiguió vencer al miedo. Sola, como siempre. Por eso te lo pido, que me mires. A los ojos. Al centro del huracán de mis pupilas, porque ahora esa mirada, la mía, es la que hace temblar al Infierno. Mírame. Y sucumbe al veneno de mi hermosa flor abierta en canal para ti, ya que yo también soy de las que siento que poco a poco nada tiene sentido, salvo para los locos, los salvajes, los que no se dejan domesticar,
   (los más cuerdos entonces)
   que tienen el triunfo asegurado.

   (Suena el eco sordo de un disparo)
   Sólo tengo lo necesario esta madrugada de los falsos poetas porque ya llegué al final del camino honesto. Sólo tengo la deslealtad de los antiguos amores porque de ahí brota la pureza del poema desnudo. Sólo tengo un abrazo infinito que te ampare de este perpetuo invierno, porque hice todo lo que tenía que hacer.
   -Jugué a la ruleta rusa con  todos los veteranos del Vietnam.
   -Guardé la memoria de tu adiós en mi regazo.
   -Ser una niña asustada, sola en una caverna de sombras donde conseguí vencer al miedo.
   (porque hice todo lo que tenía que hacer)
   sólo tengo el recuerdo de la existencia del principito como la mayor mentira de mi infancia. Y sólo tengo la sensación, como dijo Peter Pan, de que sólo los desamparados son dueños de la poesía más pura, que es aquella que brota del dolor. Y, también, de que los adultos son niños eternos que tratan a hombres y mujeres como muñecos rotos exiliados en un sucio trastero de desilusión, porque yo ya hice mi parte, porque yo ya hice todo lo que tenía que hacer, que no es otra cosa que pensar que sólo tengo lo necesario en esta madrugada cuajada de falsos poetas, puesto que ya llegué al final del camino honesto, ese camino donde brota la pureza del poema desnudo, ese que te hace fuerte. Si, sólo tengo lo necesario para decir que lo tengo. Y ofertaremos nuestros cuerpos desnudos sin caretas, sin roles, sin nombre ni apellidos, ni huella digital, ya que esta es, definitivamente, la noche. La noche del cazador, donde nada tiene sentido, salvo para los locos, los salvajes, los que no se dejan domesticar.

    Somos niños alucinados expuestos a fiebres perversas. Somos Los suicidas entran en la muerte con las manos amputadas por el peso de los candiles.
   (los suicidas son obligados a arrastrar decenas de cencerros atados a sus botas, de ahí que los médicos practiquen sangrías a los melancólicos que acarician sogas cuando cae la noche)
   Somos las interferencias del televisor. Somos los caballos de la locura que no has de temer. Y como cada noche, las cabezas de los poetas mexicanos susurraban un veneno distinto a la muchacha, la muchacha que había sido niña asustada, sola en una caverna de sombras donde consiguió vencer al miedo. Sola, como siempre. Como esos niños alucinados expuestos a fiebres perversas de veteranos del Vietnam.
   Somos los ángeles de alas membranosas que habían atado a las muchachas a las vías del tren y antes de eso a postes bajo los que encendían hogueras. Somos los ángeles de rodillas supurantes seguían corriendo por los tejados hasta que llegaba una tormenta. Somos vacilantes como los escritores ciegos vestidos por sus madres o los ancianos que dejan crecer sus cabellos y los arrastran por el suelo y los guardan en los cajones de su mesilla de noche. Somos la costumbre de los muertos de murmurar en la tumba los días de tormenta. Somos la excesiva producción de polen de las adormideras. Somos la domesticación de las babosas en medio del invierno. Somos las ideas de suicidio que crecían en la cabeza de las enfermeras.
   Somos, en definitiva, la noche del guateque, la noche del cazador. Somos la noche en que jugamos a la ruleta rusa todos los veteranos del Vietnam, donde nada parece tener sentido, salvo para los locos, los salvajes, los que no se dejan domesticar.


   Y ahora te toca elegir ficha y descubrir a la poeta y lo que se esconde detrás de su verbo, mientras recuerdo las palabras de aquella que decía que la poesía no es otra cosa que  
"Eyacular el poema perfecto que derrumbe y destroce al paraíso oscuro de la pérdida".
Y ahí lo dejo. Como frase elegida para este renacimiento extraño, pero renacimiento a fin de cuentas, mientras Nick Cave lo da todo en los cascos con su blues triste, pero certero. Triste y necesario.

   Y SI LEEN ESTO, disfruten del momento porque nunca se sabe, Y gracias a las cinco poetas (seis si incluimos a la de la cita, no menos importante en este preciso momento etílico y creativo y solitario y de tormenta nocturna en mi cerebro...) por su verbo caliente, aunque doloroso en ciertos momentos, ya que la poesía no es otra cosa que dolor. Y sinceridad. Esa que no gusta.

Gracias a esas poetas, porque la hipocresía social, gracias a ellas, aún no ha conseguido dejarme ciego.