Thursday, December 08, 2011

Bipolaridad, una "historia sucia" de Vara.




A veces las motivaciones para escribir son peculiares.
Este texto surge de una necesidad imperiosa de escribir  un relato nuevo para "Escritores Sucios" . grupo de facebook al que pertenezco, y como capítulo de la novela "in progress" de título: "La mujer hueca".
Este relato está escrito de una sola vez y sin modificaciones textuales.
Vamos, que está en bruto genuino.
De alguna manera este texto me hace evocar lecturas pasadas,
que influyeron profundamente en mi visión particular del mundo literario
y del acercamiento al planteamiento de ciertos temas "universales",
como pueden ser las relaciones humanas, el sexo y los traumas
basados en la "confabulación" de vivencias propias y ajenas.
"Bipolaridad" va dedicado a Miller, a Kinski y a Vassi,
y a Carlos Salcedo, especialmente, por ser el másximo responsable de agitar sin consideración el fondo turbulento de mis entrañas creativas.






Bipolaridad



 
     Hubo un momento en que parecía que Bipolaridad hubiera dejado de respirar bajo la densa bolsa de tela blanca que envolvía su cabeza. Su cuerpo permanecía inmóvil en la misma posición en que habíamos empezado nuestro peculiar homenaje a la perversión de aquella noche. Boca abajo y con las manos firmemente atadas a la espalda con precinto barato transparente. Llevaba puesta la ropa interior rosa que tanto me gustaba. La bolsa de tela era especial. Hacía una especie de vacío, ya que se la fijaba al cuello también con precinto, para no dejar espacio alguno para el paso del aire. Noté su cuerpo caliente y cierta tensión en sus muslos, pero los brazos parecían dotados de cierta ingravidez y frialdad repentinas. Ella aseguraba que controlaba el tiempo que podía permanecer bajo aquella tela, plástica por su parte interior, como una membrana de cualquier célula. Y yo solía creerla. Miré distraídamente hacia la pared, donde una enredadera artificial adhesiva caía desde el techo hasta la cama. Miré porque buscaba cierto asidero real y físico al desquiciamiento progresivo al que se hallaba sometido mi cerebro en ese preciso instante. Bipolaridad había comprado cocaína. Un par de gramos. Y algo de Popper, porque aquella noche quería que practicáramos sometimiento, hipo asfixia y penetración anal. Vamos, la santísima trinidad de los excesos de la carne. Y allí estábamos, justo en el instante previo a mi eyaculación rabiosa en las cavidades rugosas de su recto, mientras observaba como se producía una especie de desvanecimiento bajo mi cuerpo, un desvanecimiento que podía representar un error a la hora de calibrar los riesgos, a la hora de sopesar las posibilidades de que algo podría salir mal. Éramos inconscientes en el fondo y en la forma. Éramos animales obscenos por vocación y adictos a una lujuria experimental que, a la larga, nos severos produciría daños cerebrales de carácter irreversible. Pero, allí estábamos, juntos. Un par o tres de veces por semana. En su casa o en la mía. Estableciendo la locura por regla de nuestros juegos sexuales viciados por emociones que ya hace tiempo habíamos dejado de sentir. Viciados por la propia adicción a la negación de cualquier tipo de placer. Viciados por el incontenible deseo de follar por el culo a una humanidad de la que no nos sentíamos nada apegados. Era una especie de catarsis o ritual para acabar con cualquier atisbo de sentimiento que se propusiera acceder a nuestros entramados neuronales. Era, en definitiva, una orgía visceral en honor del santo Trauma, de la divinización imposible del dolor interior, que ambos arrastrábamos desde mucho tiempo atrás.

Escupí mi blasfemia en su interior y me deslicé suavemente hacia la derecha, al tiempo que mi polla salía de su culo. Miré hacia el techo, hacia la lámpara de tela rasgada a consecuencia de un viejo arrebato etílico. Hacia la lámpara que se empeñaba en conservar, aunque de vez en cuando produjera chispazos que, inevitablemente, acababan cayendo sobre nuestras espaldas. Giré la cabeza y la miré. Gotas de sudor me rodeaban los ojos. Gotas de sudor cocainómano. Movió ligeramente la cabeza y arqueó ligeramente la espalda. Me enganché unos segundos a la extraña visión de mi propio semen resbalando por su nalga derecha. Tardó unos segundos en fundirse con las sábanas. Entonces, movió la cabeza frenéticamente. Era la señal. Tensó las piernas y alzó un poco el tronco. De forma automática le retiré la bolsa de tela de la cabeza. Entonces observé su cara completamente amoratada a consecuencia de la falta de oxígeno. Se hacía evidente que habíamos conseguido ir más allá que en ocasiones anteriores. Le quité el precinto de la boca y le extraje el pañuelo de tela que había introducido en su boca y los pequeños algodones que había puesto en sus fosas nasales. Su larga cabellera rubia permanecía aplastada húmeda contra su cabeza, como si se acabara de dar una ducha. Tosió. Y volvió a toser y el silencio pareció espesarse en torno a aquel acto. Algo de sangre y moco cayó sobre la cama. Abrió la boca y tragó una bocanada del aire denso y viciado de la habitación. Luego, abrió los ojos. Eran marrones, del color de la madera de roble. Dejó caer la cabeza hacia un lado y me miró de forma extraña.

-Sabes que nos asesinan en el mismo momento que nacemos.- Dijo de manera natural, como sin pensar, como si fuera una especie de dogma de fe o una verdad irrefutable.

-Si tú lo dices.- Dije sin mucha pasión intentando no arriesgar nada. Generalmente, sus frases más inofensivas o incoherentes solían acabar en una bronca monumental. Y no me apetecía que nuestra particular versión de Apocalipsis Caníbal acabara de una forma violenta y descontrolada.

Ella siguió hablando.

-Me refiero a que nos matan al nacer, a que nos abandonan a nuestra suerte en un mundo enfermo y triste. Todas las madres del mundo tienen la culpa de nuestro sufrimiento. ¿Sabes?. Lo saben perfectamente, saben de sobra lo que están haciendo. De alguna manera, se han puesto de acuerdo y nos matan al nacer para que sigamos viviendo con este dolor tan profundo. Con este vacío enganchado a nuestra piel.

-¿Estás bien?-. La interrumpo y soy consciente de que me la estoy jugando. Pocas veces lo hago. Pero su discurso empieza a preocuparme, quizá por la repentina sensación de que mi organismo ha absorbido toda la droga que había inoculado. Me levanto de un salto y voy hacia la mesilla de noche que está a su lado. Corto algo de coca y me la meto por la nariz con un billete de diez como si me fuera la vida en ello. Preparo otro tiro y se lo ofrezco a Bipolaridad. La respuesta es un potente sonido de aspiración seguido de un poderoso jadeo de satisfacción. Me mira ansiosa y preparo otros dos. Repetimos la operación y yo añado de mi cosecha un par de tragos de Jack Daniels. La habitación parece latir sobre nosotros. La atmósfera parece coagularse. Tengo la poderosa sensación de que algo me arrebata de mi cuerpo y pugna por volverme una entidad no corpórea. Es extraño, pero es como un vaciamiento. Miro a Bipolaridad, que sigue atada sobre la cama. Es entonces, cuando siento el click en el interior de mis oídos. Es casi un sonido inaudible, como metálico. Una especie de arañazo interior. Algo que se podría definir como una explosión muy lejana, algo que me lleva a la ruptura, a una especie de fuga psicógena descontrolada. De repente, la habitación parece dar vueltas sobre sí misma, gravitando sobre un eje imposible. Bipolaridad me mira mientras un hilillo de sangre sale de su nariz. Le planto la botella de Jack en la boca y la hago beber a morro. El bourbon escapa de sus labios y empapa la sábana. Luego, la botella se me cae de las manos. Algo tira de mí y levito hacia una de las mesillas. Abro un cajón y saco un consolador doble. Uno de sus juguetes. Busco a fondo y encuentro un bote rojo de crema lubricante. Noto el bombeo de la sangre en mis testículos. Lo pongo todo encima de la cama, al lado de su cabeza. Corto otra raya y la comparto ansioso con Bipolaridad, que me mira con ojos desquiciados. Comienza el segundo asalto. Me pongo delante de ella y le echo lubricante por el culo. Tiro el bote a un lado y unto la crema en su ano, mezclándola con el semen. Le introduzco un par de dedos. Gime. Sabe lo que viene después. Le meto los mismos dedos en la boca y los lame con voracidad animal. La coca, a fin de cuentas, es de muy buena calidad. Cojo el consolador y se lo introduzco sin demasiados preámbulos ni miramientos en ambos orificios al tiempo. Y empiezo a darle a la muñeca como si me fuera la vida en ello. Un vaivén desbocado y lleno de cierta furia. Bipolaridad comienza a retorcerse. Sabemos lo que nos gusta. Son años de experimentar. Años. El sudor brota. El olor se intensifica. Su cabeza parece querer hundirse en las sábanas. Con la mano izquierda recorro su espalda. Le pego varias ostias en las nalgas. Le gusta. Jadea. Resopla. Mi mano derecha no para de subir y bajar. Le pillo un pezón y lo retuerzo. Luego, le cojo del pelo y le estiro hacia arriba, para que se quede mirándome. Muevo las caderas y le paso la polla por la cara. Al momento, su boca se abre y la atrapa entre sus labios. Empieza la batalla de la succión. Atrapo su nuca y la fuerzo a que se trague el miembro hasta los mismos cojones. Y la retengo en esa posición unos segundos. Su cara enrojece. Escucho los sonidos del ahogamiento en su garganta. La libero. Sigue chupando. Vuelvo a empujar su nuca con mi mano. Y giro mi polla hacia una de sus mejillas por el lado interior. Noto el calor. Extraigo el consolador doble y le empiezo a introducir la parte más gruesa por el orificio anal. Hay algo de resistencia, pero la venzo. Le clavo el aguijón de látex hasta el fondo. Igual que si estuviera clavando un cuchillo en la carne. Su culo tiembla. La inminencia del orgasmo acude como un tsunami para explotar contra mi mano, pidiendo más y más. Muevo el consolador frenéticamente, como si, en el fondo, quisiera hacerle daño. Entonces, mi polla estalla en el interior de su boca y le vuelvo a empujar la nuca contra mí obligándola a tragar mi semen, como tantas otras veces. Clavo el dildo nuevamente hasta el fondo de su recto y ahí lo dejo. Al instante, sale por su propia inercia resbalando de entre las nalgas y cayendo al suelo, después de rebotar sobre la cama. Saco la polla con violencia y la dejo respirar. Traga aire de forma nerviosa y un acceso de tos le sobreviene de inmediato. La deja salir y el estruendo parece capaz de agrietar las paredes de la habitación. Entonces, vuelvo a saltar sobre ella encaramándome a su espalda y le introduzco de nuevo la polla por el culo. En breve, se derrumbará exhausta, pero la coca la mantiene dura como una piedra. Así que aprovecho el momento. Embisto como una fiera herida mientras cojo el consolador y se lo meto en la boca. Ahora, Bipolaridad se arquea como una posesa y empieza a gritar. Pero son gritos mudos, que se clavan contra el látex de forma que se tornan inaudibles. Noto como si algo se rompiera en las intimidades de su recto mientras intento alcanzar su tráquea con la réplica del miembro de algún actor porno famoso. Mi polla parece navegar en un mar de lava. Algo allá abajo está caliente como el infierno, pero órdenes supremas me obligan a mantener las embestidas. Una y otra vez. Una y otra vez. Le saco el consolador de la boca y lo dejo caer al suelo. Rodeo su cuello con ambas manos y empiezo a apretar mientras soy consciente de la nueva acometida del semen, que pugna por salir. Quiero asfixiarla. Quiero matarla. Quiero reventarla por dentro. Bipolaridad vuelve a amoratarse. Sus manos luchan contra el precinto que las retiene atadas por la muñeca. Sus jadeos se tornan gritos ahogados. Sus ojos parecen a punto de explotar. Mis cojones estallando contra sus nalgas una y otra vez. Mi polla ardiendo. El semen caliente que fluye como río de lava por sus paredes intestinales. El orgasmo supremo. Las convulsiones de su cuerpo. Mi derrota física. MI caída al suelo soltando la presa. El golpe de mi hombro contra el terrazo. El bajón post cocaína. El hundimiento del ego. La inconsciencia del arrebato místico tras atravesar la antesala carnal del infierno de la mano de una tía que está incluso más loca que yo. La visión de las sábanas manchadas de sangre y semen y fluidos y lubricante. El éxtasis de ella. Su cuerpo sufriendo pequeñas convulsiones involuntarias. El orificio de su culo abriéndose y cerrándose espasmódicamente. Los pequeños desgarros en su garganta y en su intestino delgado. La visión absurda del esqueleto del consolador muerto en el suelo. Los restos de heces y sangre en su punta. El olor del sexo. La voracidad de los animales después del apareamiento. La química del estallido del placer tóxico. El sonido de las sirenas en la calle. Las repentinas ganas de vomitar. Ella lo hace en la misma cama porque no me ha dado tiempo apenas de quitarle el precinto. La miro. Miro su culo. Me gustaría volver a follarlo, pero me flaquean las piernas. Un hilillo de baba y sangre escapa de las comisuras de sus labios. Su cara cubierta de la enredadera de cabellos rubios empapados. Su respiración agitada. Su dolor en lo más hondo de su alma. Su trauma escondido. El que comparte conmigo. Lo que nos envilece y nos convierte en animales depredadores cargados de kilos de rabia contenida. Seres que comparten habitación ocasional y arrebatos de demencia. Enajenados sociales que hipotecan su tiempo en fieras batallas cuerpo a cuerpo. Locos por una sexualidad abyecta. Politoxicómanos de amor enfermo. Adictos a la carnalidad terminal. Aquella que nos condenará a los abismos de nuestra propia locura.

Miro el techo. La lámpara sigue rota. Es lo único que tiene algo de sentido. Una hora después, la desato. No se inmuta apenas porque se ha quedado profundamente dormida. Me doy una ducha y pienso en la suerte que tengo. O en la desgracia. Disfruto de la ducha y del agua cayendo por mi cuerpo. Agua caliente que limpia la superficie de mis células y de mis terminaciones nerviosas. Agua purificadora. Salgo de la ducha y me seco con una de sus toallas. El lavabo está como siempre, desordenado. Un pequeño desorden que refleja el caos de su pequeño universo privado. Pero, no la critico por ello. MI mundo actual se encontraba en el mismo estado. Mi vista choca frontalmente con un pequeño libro de tapas negras que se deja ver desde uno de los cajones semi abiertos. Lo cojo presa de una repentina y absurda curiosidad. Es una especie de diario personal garabateado con trazo de yonki terminal. Lo abro por la última página y descubro que ha copiado una canción de Marilyn Manson en el espacio destinado al día de ayer. La canción lleva por título: “No me gustan las drogas, pero yo le gusto a las drogas”. Sin duda, toda una declaración de principios.


NORMA DE VIDA BEBÉ "NOSOTROS SOMOS BLANCOS Y OH, HETEROSEXUALES Y NUESTRO SEXO ES MISIONERO."

NORMA DE VIDA BEBÉ "NOSOTROS SOMOS DESERTORES Y ESTAMOS SOBRIOS NUESTRAS CONFESIONES SE TELEVISARÁN."

TÚ Y YO SOMOS DOSIFICADOS Y ESTAMOS LISTOS PARA CAER

LEVANTADO PARA SER ESTÚPIDO, ENSEÑADO A SER NADA EN ABSOLUTO,

NO ME GUSTAN LAS DROGAS PERO LE GUSTO A LAS DROGAS

NO ME GUSTAN LAS DROGAS, LAS DROGAS, LAS DROGAS,

NORMA DE VIDA BEBÉ "NUESTRO DIOS ES BLANCO Y RENCOROSO NOSOTROS SOMOS ORINADOS, PROBADOS Y ESTAMOS ORANDO."

NORMA DE VIDA BEBÉ "YO SOY SOLO UNA MUESTRA DE UN ALMA HECHA COMO UN SER HUMANO SIMPLEMENTE."

NORMA DE VIDA BEBÉ "NOSOTROS SOMOS REHABILITADOS Y NOSOTROS ESTAMOS LISTOS PARA NUESTROS 15 MINUTOS DE VERGÜENZA."

NORMA DE VIDA BEBÉ "NOSOTROS SOMOS EXHIBIDOS Y NOSOTROS SIMPLEMENTE ESTAMOS APUNTANDO COMO LOS CRISTIANOS EN UN SUICIDIO."

TÚ Y YO SOMOS DOSIFICADOS Y ESTAMOS LISTOS PARA CAER

LEVANTADO PARA SER ESTÚPIDO, ENSEÑADO A SER NADA EN ABSOLUTO,

NO ME GUSTAN LAS DROGAS PERO LE GUSTO A LAS DROGAS

NO ME GUSTAN LAS DROGAS, LAS DROGAS, LAS DROGAS




Dejo el librito donde estaba y pienso en la complejidad del cerebro de Bipolaridad. Un cerebro machacado por las drogas desde hace años. Ella misma me contó que se había iniciado a los 14 años, al igual que en el sexo con una mujer mucho mayor que ella. Su historia no había sido fácil, pero ¿qué historia lo era?. Lo cierto es que, de alguna manera, me había hecho adicto a ella. Era como una especie de alma gemela o un desdoblamiento de personalidad en forma de mujer pseudo enajenada. Muchas veces había fantaseado con la idea de ser ella. De hecho, muchas veces había sido el detonante para alguno de mis violentos relatos cortos, que conseguía publicar en blogs de amigos escritores debido a su crudeza y bizarrismo extremos. Bipolaridad ya se había convertido para mí en una especie de droga o un espacio privado en el que me refugiaba cuando todo amenazaba con quebrarse a mi alrededor. Era consciente de que era un refugio donde el desequilibrio era la norma, pero eran esos momentos en los que precisamente una locura transitoria era lo que más necesitaba. Escapismo. Ruptura. Huída. Bipolaridad era como un oasis de carne dentro de un universo frío, deprimente y caótico. Su calor provenía de su propio infierno mental, pero para mí era suficiente. Suficiente. Vital. Necesario.

Salgo del lavabo y giro a la izquierda y vuelvo a hacerlo hasta llegar a la pequeña cocina con la gran ventana que da a la calle. Ventana bajo la que dormita una lavadora de puerta algo oxidada bajo un montón de ropa sucia. Me sitúo frente a la nevera, la abro y cojo una cerveza. Me doy la vuelta, abro un cajón y la abro después de coger el maldito abridor. Me siento en una pequeña banqueta y de varios sorbos largos me bebo la botella. Pienso en mi mundo en descomposición mirando hacia el montón de ropa sucia que se acumula día a día sobre su lavadora. El universo de Bipolaridad ya está quebrado hace tiempo, desde que su pareja de toda la vida la dejó porque no soportaba sus continuas infidelidades y su consumo cada vez más elevado de cocaína. Creo que, de alguna manera, era capaz de entenderla. Como también podía entender la actitud de mi ex mujer cuando me pidió amablemente que me largara de casa. Los entiendo a todos, perfectamente. Soy consciente del daño que puede provocar la voracidad de nuestros cerebros. El ansia criminal de nuestra forma visceral de entender la vida. El arrebato de la urgencia del delito de estar vivos y necesitar la emoción pura y dura para seguir avanzando. El dolor de la violencia física, el dolor del sufrimiento interior, el dolor que exteriorizamos, el dolor que proyectamos hacia dentro, hacia el mismo epicentro de nuestra cordura. El dolor que acabará destruyéndonos inevitablemente. El dolor al que somos adictos desde que nos conocimos. El dolor que buscamos en la mirada cómplice del otro. El dolor abyecto. El dolor cotidiano. El dolor, en definitiva, que nos mantiene vivos alejándonos del coma de la normalidad.

Me levanto y me voy de su casa. Aún tardará un par de horas en reaccionar. Quizá me llame luego por teléfono. Quizá no. Sus vacíos comunicativos son inexplicables, pero moderadamente justificables. Yo, a veces, también tengo mis periodos de hermetismo autista. De alguna manera son estados de transición necesarios para poder interiorizar todas las vivencias por extremas que estas sean. Es un mecanismo de defensa. Una especie de barrera que permite conservar algo que suelo llamar frágil equilibrio emocional. Si esa barrera estaríamos abocados a un abismo insondable de perversidad enajenada que machacaría sin el menor atisbo de compasión todas nuestras neuronas. Una especie de descompresión, como la que realizan los buceadores después de llevar algún tiempo a demasiada profundidad. Profundidad abisal. Pequeños infiernos privados. Cuartos aislados para jugar a la demencia a horas convenidas. Antesalas del dolor ajeno y del propio. Habitáculos aberrantes donde los humanos clonan en monstruos con fecha de caducidad y código de barras identificativos. Y en mitad de ese aluvión de pensamientos entro en el primer bar que hay al salir de casa de Bipolaridad. Pido un Jack Daniels y miro distraídamente la televisión. Casualmente, Marilyn Manson parece sonreírme desde la pantalla. A veces, todo parece tener sentido dentro del más infinito de los absurdos.

Sunday, December 04, 2011

Credo, de Vara.

Credo
José Manuel Vara




Dedicado a Valle Camacho, Luis Eduardo Aute, Ballard, Mareva Mayo,
 Lars von Trier, Patty de Futos, Alejandra Pizarnik,
The Cure, Francesca Woodman...
 y, en definitiva, a todas las mujeres creativas que valen por dos citadas en este blog.



CREDO, de Vara.




Creo en la gente que apenas te conoce y te exige cosas.

Creo en la hipocresía de las familias.

Creo en la irracionalidad del ser humano.

Creo en la incapacidad del ser humano de aprender de sus errores.

Cada guerra o acto de violencia por minúsculo que sea en cualquier lugar del mundo es una prueba irrefutable de ello.

Creo en la música de The Cure.

Creo en el credo de Ballard.

Creo en la fuerza creativa de los graffitis urbanos.

Creo en la neurosis.

Creo en que no estamos haciendo nada nuevo,

que somos como esferas en una espiral estúpida.

Creo en el humo que sale de las chimeneas de las fábricas.

Creo en la nada post-mortem.

Creo en la incapacidad del ser humano de explorar a fondo su lado más emocional.

Creo en las almas torturadas.

Creo en la incomunicación generada por las nuevas tecnologías.

Creo, hoy más que nunca, en los versos de Alejandra Pizarnik,

en los pétalos podridos de sus alas,

en las copitas de vino agrio de su razón,

en el vacío bien pensado de su vida,

en el tajo en la silla de su cuerpo,

... en el gong infantil de su vaivén,

en el cero disimulado de su rostro

y en los trozos de infinito de sus ojos.

Creo en la geometría interior desordenada en fragmentos fotográficos

de Francesca Woodman

y en la apocalíptica belleza de su verbo:

“Mi vida en este punto es como un sedimento muy viejo en una taza de café y preferiría morir joven dejando varias realizaciones… en vez de ir borrando atropelladamente todas estas cosas delicadas…”.

Creo en "esa niña que se identifica con el cosmos cuando la lluvia se da de ostias contra el columpio",

Creo en "Esta tormenta que nos miente al subconsciente para estar alerta",

Creo en que "las nubes son más ciertas que nosotros",

creo en la química bastarda de algunos espíritus que se encuentran en el camino,

creo en la lluvia

y creo en el giraluna de Aute

y en que la vida, muy a menudo, nos rima .

Creo que, como dice Mareva Mayo :

"El mejor modo de huir es el que sucede cuando no te mueves de sitio".

Creo en la Melaconlía.

Y creo que "he dejado de creer en muchas cosas"

Y creo también que es un proceso irreversible .



Friday, December 02, 2011

Perturbada desde mis versos-mis tripas, by Mery Caos.

Perturbada desde mis versos-mis tripas.
Mery Caos




emoción íntima,
emoción perturbada,
emoción desde las tripas que configura palabras precisas, certeras...
 palabras adictivas,
 rutinas de vida que no lo son,
 química bastarda del corazón,
geometría del alma quemando de piel,
caos, pequeño caos...
...desde hace días,
imprescindible en la textura interior
de mi alimento literario.
Caos, pequeño caos...
desde tus versos,
desde tus tripas. 

J.M.Vara



Mery Caos
MEDEA




He estado matando a mis hijos toda la tarde.

Mudando lo que creé con mis propias manos,
trasladando sus cuerpos inertes de un sitio a otro,
sin saber exactamente dónde ponerlos.

Apartándolos de los ojos infames
que buscan respuestas a preguntas sin sentido,
dejando espacio disponible para seguir blasfemando.

Y me siento vacía.
Y me siento repleta.
Sigue todo aquí, dentro de los ovarios,
punzándome.

He cubierto a mis propios hijos con sábanas limpias.

Cerrando sus ojos inertes para que no vean,
para que no se duelan de la boca negra
del mundo ignorante que les escupe.

Los he guardado con llave donde sólo yo
y quizá tu memoria
puedan algún día volver a encontrarlos.

Y me he quedado vacía.
Y sin embargo, estoy llena.
Sigue todo ahí, al fondo de mis pulmones,
inspirándome.

He dejado a mis ojos pegarse al cristal durante horas,
para dolerme.

Quedar rendida antes de que llegue otra madrugada,
hueca,
es mi único propósito.
Eso y verter lejía que blanquee
todos los garabatos que me anudan la lengua.

Y empiezo a dudar del reflejo.
Y sin embargo, aún me reconozco tras los cristales.
Sigue todo igual, la cuerda tensa bajo mis pies descalzos,

tambaleándome.



Ilíaca







Podría hacer lo que siempre hago,
desabotonarme la piel
lunar a lunar
cicatriz a cicatriz
escarpia a escarpia
y dejarme al aire las tripas a pedazos
y la sangre en las manos
para volver a pintarte otro cuadro
para la colección que vas haciéndote de mí.

Podría abrir la boca y dejar la lengua libre
y lamerte con cada palabra ácida
cada verdad desnuda y dura
y desenvenenarme
y vaciarme
y dejar que se fuera este run-run
que me horada y me atraviesa
desde la boca del estómago hasta el sacro.

Podría hacer de cada duda una lágrima
de cada miedo un grito
de cada incertidumbre otra herida
y mostrarte esa mía quebradiza
ese hueso sin calcio
esa mía a pedazos
ese puzzle sin piezas
esa hermana sin hache.

Podría, pero me muerdo
y me hago un nudo con los miembros
y entumezco y atrofio
y enredo y callo
espero, sigo esperando
que abran los ojos por sí mismos
que miren con los ojos de mirar de cerca
pero afuera y no al ombligo.

Y si no lo hacen,
si no los abren y se empeñan
en querer partir y recortar y restar
mi sangre, mi rojo, mi madre, mi placenta,
siempre podría soltarme
del cuello la cadena dócil
que yo misma me até
y volver a morder a dentelladas.



Que falten y que no sobren



 
Afuera arde y yo, voy y me sumerjo en esas aguas. Soy débil y a veces, se me olvida el olvido.



Me he permitido tres momentos de debilidad, y por esta vez (...)

Uno, al dejar que se me viniera a la mente una curiosidad, y observar (...)

Dos, al descubrir de pronto como se me escapaba un quejido al reconocer aquella araña enorme. Y al sentir el tacto de consuelo, dejar que se me quebrara (...)

Tres, al intentar quedarme en blanco y dejar que brotaran al menos dos (...) que no han sido de dolor, sino de pena.

Las he secado con el dorso de la mano y he seguido pintando de blanco el cielo de esta resaca sin ibuprofeno.

Oh, no, han sido cuatro. También (...) en voz alta. Pero eso ocurre alguna que otra vez, y no por mi propia voluntad. Casualidades.

-No voy a cortarme el pelo hasta que no se me olvide- Repetía mirandome los ojos inyectados en sangre frente al espejo. Años después sigue mi pelo creciendo y yo he olvidado donde se guardaban las tijeras.

Recuerdo su breve cintura. No me olvido de su ombligo. Me viene a la mente una imagen fugaz de mi mano en su vientre, aliviándole el dolor, con calor. Fue la última vez que la toqué.

Qué curioso es el calendario. Qué cruel. Cómo juega. Puede que se me hayan olvidado muchas cosas de las que he aprendido a lo largo de los años, puede que mi mente haya borrado y vaya a borrar aún muchas fechas. Pero aún hay un mes lleno de garabatos de ecos pasados. Aún hay un día que no confundo, ni olvido.

Observo la araña gigante, justo desde abajo, y acaricio una de sus patas. No se me ha olvidado el tacto, y la sensación de que en cualquier momento podría salir andando, a meterse en su madriguera de metal, el libro abierto y destripado.

Ya hace tiempo que arranqué del tendedero todo lo que sabía a pasado. Ahora tengo un plano de una casa, y unas braguitas azules.

El blanco de mi ojo derecho hoy es rojo. Parece una red tejida por aquella enorme araña. Y tengo miedo de cumplir el próximo año. Empiezo a ver los estragos (...). Quiero abarcar, sé que no puedo. Oigo un reloj, pero no es aún el tiempo.

Voy aceptando muchas cosas con más entereza de la que pensaba que podría tener nunca. Pero hay algunas que se me quedan en el tintero. Tengo un paquete de tabaco cerrado dentro del bolso, los pulmones aún llenos de humo, y la certeza de que antes de irme a dormir, tendré que cumplir con el ritual de darte el último cigarrillo de cortesía. (...)

Quizá se haya perdido el sentido de lo que he ido escribiendo durante la última hora y media. Será porque he decidido borrar la mitad de las frases. Por una vez, más vale que falten, a que sobren las palabras.

Hoy venía venenosa, y nadie tiene la culpa.





Dulce era mi nombre
 

 
Hay una palabra que siempre se queda al borde de mi labio, y no se atreve a salir. Quizá esté tratando con el lado más íntimo del miedo, quizá, la razón, escondida tras la cortina roja del salón de baile, me susurra que es mejor quedarme en silencio.

El silencio siempre fue mi enemigo. Aunque a veces, tenga que tirar de su mano, y aferrarme. Callar. Eso me enseñó el tiempo, en aquella esfera cruel que no deja de girar, y taladrarme la cabeza con su tictac interminable.

Sobran palabras si se llenan de reproches, si reflejan sentimientos que quedaron enterrados con el paso de los días que crecieron en marañas, convirtiéndose en meses, y cuando quisimos darnos cuenta, en años. Años redondos como burbujas, como aquella risa dulce de almibar y mermelada. Si dejamos a los muertos descansar, y aún tenemos miedo de llevarle flores con el paso de los años que se van convirtiendo en treinta ya desde aquel pasado doce de julio, por qué no podemos dejar descansar aquella vida que fue nuestra, y ahora es de otros...

Prefiero los silencios, a los gritos ahogados de tus sueños, y al llanto agridulce de tu voz que me llama como me llamaba entonces, diciéndome las palabras que ya no quiero oír. Échame de menos, y sin embargo, no me busques. Que tus heridas ya son cicatrices que casi no se ven si no las miro. Sigue allí lejos, donde te encontré aquella noche de trenzas en el pelo, con el alcohol transparente que me sabía a veneno. Quédate en aquel principio, desde el que no debiste moverte hacia adelante de mi mano. Que ya aprendí que hay cosas que es mejor no estirar, porque se rompen, aunque suaves como lazos de seda, al final, se anudan, y arañan.

Quédate allí, no me tortures el alma, que ya aprendí que las cosas imposibles se llaman así por algo, aunque me encantara verte en aquella cocina, preparándome los platos que más que placer para mí eran vicios, intentando ganarte mi corazón, que ya te habías ganado en aquella cama.

Quédate allí, quieta, y no vuelvas. Porque por mucho que me busques, sólo encontrarás el silencio antártico que te ganaste cuando yo cosía tus heridas mientras tú sólo sabías mirarte el ombligo. Que ahora estás sola, y mirando atrás puede que ahora comprendas cómo te quise, como se quieren las cosas que parecen únicas, donde no había miedo, donde yo vertía imágenes y palabras que tú traducías a tu idioma tan distinto, tan racional y yo desordenaba tu cabello con mis dedos, y te enseñaba que hay palabras que es mejor no traducir, porque pueden entonces, perder su significado.




Extraña rutina desordenada

 
Animal de costumbres caóticas,
que giras al revés que el resto del mundo,
que no madrugas
y trasnochas aunque sea lunes,
que no fumas a deshoras,
que te estás descafeinando,
que pretendes seguir una dieta equilibrada,
que adoras la madrugada silenciosa,
que disfrutas de la soledad...

Hazme un favor,
y cambia tu vida cuatro días,
da media vuelta y gira al compás,
sigue el ritmo de los atascos,
levántate a las siete y media,
acuéstate a las once,
fuma antes de almorzar,
toma café para mantenerte alerta,
come lo primero que se te antoje en ese bar,
llénate del bullicio de la gente.

Deja aparcada tu vida,
no seas egoísta,
sé responsable,
deja tus sueños para el viernes, anda,
hazme ese favor,
deja que te atrape esta puta sociedad,
un poco más,
sólo un poquito,
no cuesta tanto, anda,
déjate domar.


Autorretrato de una mujer sin techo
 



Me dice, sí,
-a mí y no al mundo-
que puedo escribir lo que me salga del coño.
Yo,
que aún no he leído a Pizarnik,
paso horas traduciendo animales
sin domesticar, que gruñen y sonríen.
Dosifico los "Hilos" de Chantal
para que no se acaben
y anoto verso ajeno y peleo con el blanco.
Me acuesto cada noche con Bukowski,
y botella en mano, me escupe
cuentos para no dormir.
Acusada de sacarme tripas y lanzarlas sobre la pantalla.
Puta,
se abre de piernas al mundo y grita ya no duele,
culpable.
Corto a tiras mis lienzos
y marco las páginas
en las que quiero que te pierdas.
Me salto las lágrimas en ocho líneas,
miro a través del metacrilato,
y no veo.

Yo,
que sólo pruebo
verso a verso,
que esto ya no es ni exorcismo ni terapia,

es sólo un juego.




Sastre
Aprendió a esconderse entre los pliegues
a medirse con metro de costurera para no sobrepasar límites
manteniéndose en velocidad constante para no desdibujar pespuntes
y provocar accidentes de aguja partida, sangre y semen.

Trazó líneas, diseñando mujeres
señaló a jaboncillo patrones de talla inexacta
cortando a tijera todo lo que pensó que sobraba.

Hilvanando siempre del color equivocado
prohibiéndose palabras con las que vestías otros cuerpos
prendiendo alfileres en anverso y envés de esa piel-tejido.

Él-urdimbre
ella-trama

Para luego coser impaciente y equivocarse
intentando embutirse en un vestido que siempre acaba quedándosele pequeño.

Hasta que asumió que no puede
que no le sirven patrones
porque quiera o no

Soy más

mi piel se extiende sin botones
no hay costura que limite, ni dobladillo,
tan amplia y evidente como un lienzo sin cortar.
A Paola, a Beatriz. Por TODO.
Publicado por CAOS a las 03:25 9 compartiendo el caos
ordenado en: cambiar el chip, Mis Versos-mis tripas, proyectos
JUEVES 4 DE AGOSTO DE 2011




 






Miedo versus Certeza




Encuentro placer en esta copa colmada,
vaciándola despacio.
Esa sensación de quedarme a solas en mi propia cabeza,
conversándome
manteniéndome en un diálogo conmigo misma
en el que siempre
acabo ganando.

Está bien ganar algunas veces
aunque sientas perros que te muerden sobre las rodillas
y un aguacero impertinente te moje la espalda semidesnuda
de vuelta a casa.

He empuñado los libros
con lengua y yema de dedos.

Devoro,
trago este vino que a ti te cuesta tanto
si no lo bebes de mi boca.

En un gesto de esos que no se me había olvidado
todavía,
me pides
y doy.
Me pongo en pie
y me miras desde abajo
tan de cerca que me hueles.

Se desliza la seda,
y con ella el miedo,
anudada a la certeza se queda la piel

toda

esa

la que nos faltaba.



Quiebro




Ya va siendo el tiempo de limarme las uñas,
aceptar el reloj como animal de compañía
observarme la piel
perdiendo el tono,
a ritmo acompasado en rutinas.

La paciencia puede ser una virtud
siempre que no nos empeñemos en transformarla en defecto.

No tengo correas para atarme los pies
ni material quirúrgico para extirparme semillas
tengo, sin embargo, agua limpia
jabones perfumados
y encajes sin estrenar.

Tengo el alma
doblada en el bolsillo,
la boca insatisfecha,
y el órgano hueco que da latido a mi existencia
balanceándose impasible colgado de mis dedos.

Me ensucio los poros,
a ver si así, sí,
pero no,
otra vez,
no
con mayúsculas.



Violación del equilibrio

Hay un nudo, un nexo
que no me desprende del verso.

Una mano que no suelta
y mantiene este funambulismo.

Tira, tensa, refuerza.

A veces, quisiera tirarme al vacío
suicidar mi lengua y hacerla pedazos.

Pero vuelve, él. Y tira.

O cortarme las yemas con el canto del folio
hasta borrarme las huellas.

Pero llega, él. Y las besa.
Y las llena de tiritas.

Y de pronto me percato,
soy la mujer traslúcida
que nace y muere como el ave Fénix,
tantas veces
desde su boca a mi oído,
y sólo yo puedo oír cómo me llama.

Nadie, jamás,
le ha oído pronunciarme
ni ha visto el espectáculo de verme nacer
en su lengua:
Venus imperfecta nacida del mar de su saliva
desnuda aún de toda caricia,

aún,
y por tanto tiempo,
todavía.

Violamos el equilibrio
a manos vacías
con la boca repleta
de sed y sal.

Y tendremos que follarnos a la vida,
follarnos al amor,
dejarlos a los dos en carne viva
desollarlos hasta sangrar,
sólo así
saciaremos el hambre que nos corroe
las entrañas por esta ausencia


las entrañas por esta ausencia...

todos los textos y fotos de aquí:

manipulación foto Medea by Vara

 









Thursday, December 01, 2011

Catálogo ALTERNATIVO para Navidad, por Adriana Bañares.

Palabra de Adriana Bañares:
Catálogo Navideño Alternativo


Una excelente idea propuesta por la jefa Adriana Bañares Camacho.
Besazos neurótikos navideños!.



Hola naranjitos,

se acerca la Navidad. Esa época de regalos y buen hacer entre la gente. Con el tema de la crisis y la puta que nos parió a todos, ha surgido en Facebook la siguiente propuesta:
PROPONGÁMONOS COMPRAR LOS REGALOS DE NAVIDAD EN PEQUEÑAS EMPRESAS: LA VECINA QUE TIENE UN PEQUEÑO NEGOCIO, LA TIENDA DE AL LADO, EL ARTESANO QUE HACE PENDIENTES, LA AMIGA QUE VENDE POR INTERNET... HAGAMOS QUE NUESTRO DINERO LLEGUE A PERSONAS COMUNES Y NO A GRANDES MULTINACIONALES, Y ASÍ, MÁS PERSONAS TENDRÁN UNA FELIZ NAVIDAD. SI TE PARECE UNA BUENA PROPUESTA, DIFÚNDELA COPIANDO Y PEGANDO. APOYEMOS A NUESTRA GENTE..

Como era de esperar, pronto se ha convertido en un viral compartido por muchísima gente, pero yo quiero ir más allá creando para la ocasión un catálogo alternativo al de las grandes superficies. ¿Por qué seguir dándoles dinero cuando nuestros amigos y conocidos realizan arte y productos de calidad y, además, a precio asequible?
Por esa razón, pongo a vuestra disposición esta lista de regalos. Si tú también manufacturas y financias tus propios productos, puedes escribirme un correo (awixumayita@hotmail.com) con los datos que estimes oportunos y te incluiré en esta entrada.


Cuadro/DVD "Cola para genocidio". Velpister Peter Jensen.

DVD de la obra musical "Cola para Genocidio" de Velpister Peter Jensen, una suite en do menor para piano.
Cada DVD va acompañado de una portada exclusiva: un óleo sobre tabla de 20x20 realizado por el mismo Velpister.
Precio: 30€
Contacto: velpister@gmail.com



Colección de pegatinas "Nuclear Pop". Óscar R. Cardeñosa.

Óscar R. Cardeñosa ofrece su exposición itinerante "Nuclear Pop" en un innovador formato de pegatinas en tamaño A6.
Precio: 5€
Contacto: oscar.rcp@gmail.com

Libro "Diarios secretos de sexo y libertad". Rafael Fernández "Ezcritor".
"No es una novela: es un trozo de vida. Prepárate para adentrarte en la mente de Sigmundo Fernández, un gordo que trabaja en la sección de librería de un gran centro comercial y que lo dejará todo para hacer realidad sus sueños de sexo y libertad convirtiéndose en un guapísimo pero demente camarero de una decadente discoteca turística. Sólo después de eyacular será una persona normal…o quizá jamás porque…¿Quién tiene los cojones para luchar por un sueño durante toda una vida?"
Así describe Rafael Fernández a su libro "Diarios secretos de sexo y libertad", el primer libro de su propia editorial "Mi Cabeza".
Precio: 22€
Contacto: ezcritor@gmail.com

Libro "Una conversación con Ana Hatherly". Casilda García Archilla.


"El libro Una conversación con Ana Hatherly, consta de 41 dibujos de bolígrafo sobre papel vegetal blanco, de 17 x 17 cm. Esta conversación es un diálogo con los veinte poemas-dibujos de A reinvençâo da leitura, libro de Ana Hatherly que contiene 19 poemas visuales manuscritos, editado en 1975". [...]
[...] "El libro Una conversación con Ana Hatherly está realizado en papel vegetal, encuadernado con espiral plateada (wire-o), con portada en cartulina gris plata mate y guardas en papel vegetal impreso. Consta de 200 ejemplares (numerados y firmados) y ha sido impreso cuidadosamente en 2010 por AGH Impresores, con el esmerado trabajo de Luis Felipe Comendador". Casilda García Archilla.
Precio: 15€
Contacto: sociedaddediletantes@gmail.com

Plaquette "Inventario de dolor". Bosko I.


Segundo poemario de Bosko con prólogo de Antonio Díez y epílogo de Enrique Cabezón.
Precio: 7€
Contacto: bosko@boskoiniesta.com

Poemario + espectáculo erótico "Mil Deseos en una Noche". Gabriela Collado.

La poeta argentina afincada en Logroño Gabriela Collado, ofrece espectáculos músico-teatrales de poesía erótica para cenas de empresa y el libro que contiene dichos poemas: "Mil deseos en una Noche".
Precio:
Contacto: magaviajera@gmail.com

Obras artísticas "Mal de Pintor". Casilda García Archilla.

XLVIII. 1999. Pastel, carboncillo y lápiz / papel. 50 x 65 cm. ACOGIDO YA
Casilda tiene "cuadros regalados" por el precio del marco.
"Se trata de obras sobre papel, enmarcadas y con cristal, que ya me han acompañado demasiado tiempo. Por eso y por su ocupación abusiva de mi espacio, quiero desprenderme de ellas, que vayan a otras casas donde puedan ser miradas por otros ojos."
Precio: 50€/unidad
Contacto: sociedaddediletantes@gmail.com

Libro + Doble CD + DVD "Ego Pervertum". José Manuel Vara.

Una edición exclusiva de EGO PERVERTUM book (1), libro + CD con todos los textos originales + DVD con los vídeos de Pervertum + CD con la banda sonora. Prólogo de Adriana Bañares Camacho.
Precio:
Contacto: varaneurotika@hotmail.com

Colección Polaroids + Colección Villacuentos. Valle Camacho.

Colección POLAROIDS. Valle Camacho, 2009
Serie de 8 acrílicos, abstracto, gama de grises.
Tamaño, 80x 60cms .
Instantáneas emocionales.
Lista de precios:

AGUA EN EL AGUA...............................................................350 euros EFLUVIOS.............................................................................900 " FUGIT..................................................................................400 " NOWHERE............................................................................300 "
PASEO HASTA EL CEMENTERIO...........................................350 "
SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO.................................... 400 " VACÍO..................................................................................400 "
PAISAJE URBANO................................................................500 "


Colección Villacuentos ,Valle Camacho, 2007
Ilustraciones del cuento infantil del mismo nombre.
Acrílicos y tintas sobre cartón.
Tamaño 30x 20cms
El precio de las obras es único: 150 euros. Enmarcados en moldura blanca mate.
Información: valle-camacho.blogspot.com
Contacto: vallecamacho@gmail.com / 617 123 877





En la cama con Bukowski, by Caos.

En la cama con Bukowski
Mery Caos.



Descubrir escritoras como Mery Caos debía ser como el jodido premio de la loteria a los que solemos perder horas en librerías y bibliotecas.
Tener al alcance del click un blog tan inspirado y poético y visual como éste es algo realmente impagable. La frescura, la inmediatez, la carga emocional del blog permiten horas de lectura casi ansiosa y urgente. Me he visto a mí mismo como un voraz  devorador de líneas y líneas poseído por el espíritu de los descubridores de tesores ocultos en la vasta profundidad de la red cibernética. 
Sirva como muestra este texto dedicado al jefe Bukowski...
un placer hallarte, Caos...

EN LA CAMA CON BUKOWSKI





"No me pongas morritos"

 
No te los pongo.

Me los muerdo como si fueran las ganas.

Y después voy, y me deshago. Hay copos de nieve tras la ventana. Abro el libro por el prólogo. Ese que es posible que se parezca un poco a aquel que prometí escribirte si alguna vez...ya sabes. Los prólogos son necesarios, aunque creo, que muchas veces, no se leen. Uno compra un libro, deseando encontrarse con el principio, y se salta las páginas del prólogo. Y a veces, esas páginas dicen mucho de lo que hay escrito detrás. De lo importante. Confieso que yo misma me he saltado algunos. Pero el de este no.
Nos quieren quitar los acentos de algunas palabras...eso sí. Se atreven, y dicen que si queremos, los pongamos, no te jode. Pues claro que los voy a poner. Sólo así soy capaz de distinguir algunas cosas. Por los acentos.
Un perro del infierno...eso dijo. Y se quedó tan pancho. Y yo no dudo ni uno solo de sus versos. A veces, muerde, con rabia. Y te deja sangrando, lamiéndote las heridas. Pero siempre, siempre, ese dolor, va de la mano de un placer mayor. Y si no, ¿para qué estamos aquí? Si no es para sentirlo, con todos sus colores, con su blanco, con su negro, con su eco, con las subidas, las bajadas, los momentos de tormenta, la calma. Con sus sábanas templadas, con sus incertidumbres, sus miedos, su locura y su desorden. El amor.
Sólo me gusta la cerveza si va acompañada de versos. Eso ya lo sabes. Aunque te de coraje. Y en estos momentos en los que me siento más hueca que nunca, en los que siento que he perdido un poco el ritmo, voy a tragarme los versos de otros, con un buen trago amargo. A ver si así voy encontrándome poco a poco, y vuelven a surgir los propios.
Encontré las acuarelas. Y papeles en blanco entre los bocetos. Y una imagen de un continente visto desde el cielo. Lleno de hielo. Creo que los veo venir de lejos. Siento que están volviendo los colores. Tal vez sea casualidad. Pero ahora que no hay peso sobre mi cabeza, ésta se me llena de trazos de pincel.
Sienta bien acostarse con Bukowski. Te deja un sabor raro en la boca. Peculiar. Y sin darte cuenta te has tragado doscientas páginas. Con la sensación de que a veces, no importa mucho como enlaces las palabras, si al final, el amor, es un perro del infierno.



Publicado por CAOS a las 14:04 8 compartiendo el caos

ordenado en: amor, Bukowski, caos, con las tripas, diario, dulces adicciones, esa soy yo, frío, improvisar, libros, poesía