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Wednesday, July 23, 2008

Crash, de J.G. Ballard


Crash, de J.G. Ballard

Mutaciones tecnológicas: Sangre, semen y refrigerante de motor.


Aún recuerdo cuando ví la película Crash, de David Cronnenberg, uno de mis directores de culto preferidos. La película se basaba en una novela homónima de J.G. Ballard.
Inevitablemente, me quedé clavado en la butaca del cine. La historia es delirante: Un doctor crea una especie de secta basada en la experimentación erótica entre víctimas de accidentes automovilísticos. Accidentes y sexo que van aumentando en siniestralidad y atrocidad conforma avanza la trama. Lo que podríamos denominar una comunión entre sangre, semen y refrigerante de motor reventado tras el brutal choque del vehículo.

Crash es una película difícil, no apta para paladares moralistas y sometidos a los convencionalismos de la normalidad social y sexual. La novela se publicó en el 1973. Llegados a este punto hay que reconocer que Ballard no es otra cosa que un visionario de lo enfermizo. “En esta novela alucinatoria, el automóvil suministra la representación teatral infernal”. La tecnología destrozada en accidentes voluntarios, la carne violentada por el metal hiriente, el deseo enfermo por una simbiosis imposible entre cuerpos y hierros retorcidos. Lo dicho: sangre, semen y refrigerante de motor.

Ya en los años 90, en una entrevista realizada con Ballard en relación a la película de David éste afirma: “en los 90 pienso que nos hemos vuelto mucho más honestos sobre la naturaleza humana y estamos más abiertos sobre la verdad de nuestra propia identidad. En la época en que escribí el libro (lo empecé en l970) la idea de que las personas podían sentir emociones a través de los choques de automóvil era inaceptable. Ahora las personas son mucho más honestas sobre la psicología del siglo veinte y las personas pueden ver que las colisiones de automóviles se han convertido en una nueva cultura de espectáculo.Además, ningún thriller de Hollywood respetable tiene en su metraje menos de seis choques de automóvil. Y las personas se dan cuenta de la extensión a la que agresión y libido son convertidas en la experiencia de conducir un automóvil. Cada mujer sabe que hay muchos hombres que no pueden soportar ser adelantados por una mujer. Muchos hombres encuentran la conducción sumamente competitiva. Obviamente, la experiencia de la conducción implica cierta dosis de agresividad. Mi novela y la película lo afrontan justamente y directamente”.

La visión de Crash aporta una visión perturbadora aún en el 2008, donde supuestamente hemos visto “casi de todo” y en la mayoría de los casos en un programa tan inofensivo como es el telediario. Crash: sangre, semen y refrigerante de motor.

Monday, July 21, 2008

Klaus Kinski, esa bestia con uñas.


La inminente publicación de Hank Over o más exactamente la realización del blog que se está realizando en torno a dicha publicación me ha llevado a realizar una especie de ejercicio retrospectivo de mi memoria “subcultural”. He vuelto a mirar cajones semiolvidados con libros de culto de mi adolescencia, discos de vinilo que ahora son auténticas joyas de coleccionista. Qué buenos tiempos!.
Uno de los libros que han vuelto a atraer poderosamente mi atención es el de Klaus Kinski: Yo necesito amor. Conocí a Klaus (el actor) a través de un ciclo de la 2, -cuando no había tantas cadenas para elegir-, dedicado al director de cine Werner Herzog. Películas como Aguirre, la cólera de Dios, Fiztcarraldo, y Woyzeck me impactaron poderosamente y crearon en mi mente una malsana adicción por todo ese tipo de películas que se alejaban del star system americano. A partir de ese momento me introduje en el submundo del cine de autor.
Después de las películas me encontré con el libro de Kinski, autobiografía visceral del año 1991 y publicada por Tusquets en mayo del 92 (yo compré el libro en agosto de ese mismo año), en la que desde el principio nos introduce,- a través de una representación teatral sobre Jesucristo-, en su pasión arrebatadora por la vida y sobre todo por las mujeres, en la búsqueda de un amor que cubra carencias que agrietaron su infancia; también nos habla de sus comienzos como actor, de sus hijos... “una confesión descarada y escandalosamente íntima, escrita sin temor ni pudor, un escalofriante testimonio de un hombre exasperado, a la búsqueda incansable de un afecto que jamás supo o conseguir o conservar, y cuya ansiedad acabó resolviendo siempre, a cada instante, en sexo, sexo a secas, sin rodeos, sin máscaras, en todas sus posibles facetas, hasta sus últimas consecuencias, desde las más triviales y fortuitas hasta las más violentas y sórdidas. La obsesión de Kinski por el sexo sólo es comparable a la adicción del heroinómano. Vida y sexo no son sino una y única cosa”.

Kinski nos habla también del cine, de las películas. Cine que deviene en instrumento para ganar dinero, poco más. Su relación de amor/odio con Herzog ocupa algunas páginas, al igual que las películas que realizó con él, que, casualmente, fueron las que le dieron el prestigio que como actor tiene.

“La compleja (y fascinante) relación creativa entre Herzog y Kinski, llevó al director a realizar en 1999 (8 años después de la muerte de Kinski) el documental Mein Liebster Feind (Mi querido enemigo). Mein Liebster Feind combina imágenes de archivo (como las del happening mesiánico), making off de varias de sus películas (impagable el barco de Fitzcarraldo a la deriva), entrevistas, y narraciones en primera persona”.

Desde el inicio del libro, Kinski se zambulle sobre la página en blanco con la osadía del kamikaze emocional y parece mudar de piel para mostrar todo su yo visceral; se podría decir como apuntan certeramente en un blog dedicado a su persona que “realiza una autopsia de sí mismo en vida”. Este ejercicio lo realiza de forma natural y sincera, de tal manera que se ofrece en sacrificio en más de una ocasión.

La dedicatoria inicial del libro casi lo expresa todo:
“Para mi hijo Nanhoi, al que amo por encima de todo”

“En noviembre de 1991, el actor Klaus Kinski fue encontrado sin vida en su casa de California, cuando, al parecer, llevaba muerto más de veinticuatro horas. Pocos creyeron que Kinski falleciera realmente por causas naturales. En efecto, alguien que dice de sí mismo ‘soy como una bestia con uñas. Si no fuera actor, me habría convertido en asesino o mártir’ no puede morir como todo el mundo. Estas memorias nos aclaran la razón profunda, casi intolerable, de su extraño comportamiento”.

Cierro los ojos después de dejar el libro autobiográfico de Kinski sobre la mesilla de noche. Hay que tenerlos bien puestos para escribir desde el interior y sacarlo todo sin censuras de ningún tipo. Hay que tenerlos bien puestos. Luego, en una especie de trance delirante, imagino a Klaus Kinski andando hacia mí entre la bruma… vestido de blanco y con sombrero también blanco. Tras él, la espesura de la selva y un enorme y majestuoso barco arrastrado por indígenas de camino hacia el centro mismo de la locura. Así me lo imagino. Luego, dejo de imaginar.

Fundido en blanco.

Friday, July 18, 2008

Fóllame.


SE SUICIDA KAREN BACK BAJO LA SOMBRA DE LA LITERATURA KILLER.

“Luego Separó las piernas de Caperucita Roja y se ensañó con su vulva
Usando la batidora Moulinex (…) Esto es literatura. Literatura Caníbal”
Oriol Rossell

En la revista Factory nº 22 (Abril-Junio 99) Oriol Rossell escribió un artículo titulado: “Nueva literatura killer, la letra con sangre entra” . Habla de un tipo de literatura desarrollada por autores de entre 25 y 35 años, que se inspiran en la novela negra, la novela de terror, los relatos pornográficos y pulp y en autores como Bukowski, Ferdinand Cèline. JIm Thompson, Irving Welsh o James Ellroy.
Rossell habla de una suerte de brutal realism, “un realismo paroxístico, lindante con lo hiperbólico, marrullero y de malos modales”.
Cita, entre otros, a Carlos Chernov, Iceberg Slim, Aldo Nove, Poppy Z. Brite, Enrico Brizzi, Jane Owen, Isabella Santacroce y VIRGINIE DESPENTES. (Como dato anecdótico del artículo cabe reseñar que cuando Rossell habla de literatura killer en España cita a dos autores: David González y José Manuel Vara , dos escritores que casualmente aparecerán años después en la antología Hank Over).

Pero, básicamente, me gustaría incidir en la escritora Virginia Despentes, que ha sido definida por la crítica francesa como “la hermana pequeña de Charles Bukowski y James Ellroy”. Ella escribió en el 98 un libro titulado Fóllame (Grijalbo-Mondadori), del que luego se rodaría una película del mismo título, dirigida por la propia Virginie Despentes y Coralie Trinh Thi (actriz porno y escritora).

“Lo que Fóllame expone es el desarraigo de dos mujeres asqueadas del mundo en el que viven, sucio no sólo por el machismo, sino por un odio omnipresente, que es el que las destruye como personas y el que las sitúa en otro estado del ser, absolutamente infrecuente y en cierto modo superior, y basado en el sexo y la violencia extrema. Rodada en vídeo, lenta en su planteamiento y, si se soporta, interesante, afronta su historia con una técnica concienzudamente provocadora, construida a partir de elementos acertados o fallidos, pero siempre radicales: una banda sonora con temas de rock duro y punk, escenas de sexo en formato tranquilamente pornográfico, una cámara que se mueve a veces a ritmo de corriente Dogma y una violencia sin tapujos, digna de la exageración de filmes como, por ejemplo, Asesinos natos. Una road movie de vidas más allá del límite, y que se empapa del odio y el extremismo de lo que cuenta hasta convertirse en una película desagradable pero con sentido, pornográfica pero rotunda, y con la virtud o el defecto cinematográfico de ser libre a costa de la provocación al espectador”

Fóllame se estrenó en el 2000. Sus protagonistas principales son Raffaela Anderson y Karen Bach, dos actrices reclutadas del cine porno. Karen Back se suicidó en el 2005.
Rescato la noticia tal como apareció en el Mundo.es:


ELMUNDO.ES

Al final, nunca hizo otra cosa que cine porno. La actriz Karen Bach, que se quitó la vida a los 31 años el 29 de enero, no había vuelto a rodar desde que protagonizó ’Baise-moi’ (’Fóllame’), la controvertida película de Virginie Despentes y Coralie Trinh Thi estrenada en 2000 y clasificada X.

Nacida en una familia acomodada de Lyon, hizo estudios de comercio y llegó al cine porno por amor. Asfixiado por las deudas, el hombre con el que se había casado le propuso rodar algunas películas juntos y ella aceptó. La pareja terminó divorciándose, pero ella continuo su carrera ante las cámaras. Entre 1996 y 1999, con nombres como Karen Lancaume o Angel Paris, rodó unas 30 cintas X con títulos como ’El castillo de los deseos’, ’Una americana en París’, ’La mantis religiosa’ o ’World Sex Tour’.

Para rodar la versión cinematográfica de su novela ’Fóllame’, una especie de Thelma y Louise en versión porno, ultraviolento, y anarco-punk, la realizadora Virginie Despentes buscaba a una profesional del X que además supiera actuar. "Tenía una dulzura, una feminidad increíble y al mismo tiempo se la sentía dispuesta a coger un hacha y destrozar una pared", dijo de Bach la directora, que desde la realización de la película mantenía el contacto con ella y decía encontrarla siempre "de buen humor".

Cuando le propusieron protagonizar ’Fóllame’ junto a Raffaëla Anderson, la actriz acababa de dejar el X, asqueada por un mundo donde "una vez que has rodado tu escena, ya no vales nada". Pero no quiso perderse la ocasión de hacer una especie de porno al revés, que suscitó vivos debates en Francia por su forma desenfrenada y su clasificación como X.

El filme, de apenas 77 minutos, narra la historia de estas dos mujeres, Nadine y Manu en la ficción, que se encuentran una noche y, en plena huida, en un frenesí de armas y alcohol, asesinan a hombres por placer. La película, "un manifiesto feminista" según la autora de la historia, incluía escenas de violación brutales que nunca se habían visto en una película originalmente pensada para su explotación en salas comerciales.

El fin de semana pasado, unos amigos le prestaron un piso en el sur de París, donde puso fin a sus días con medicamentos después de dejar una nota para sus padres.


A veces, es curioso como todo acontece. Como la vida gira y se tuerce hacia el lado oscuro. Por eso, en esta incierta noche de febrero y con las neuronas cargadas de Jack Daniela me gustaría lanzar un brindis silencioso por Karen Bach, esa malograda actriz que dio lo mejor de sí en esta agria, sucia y visceral película. Por ella y por Virginia Despentes y por Coralie Trinh Thi. Y por Oriol Rossell, que de alguna forma premonitoria, -que aún no alcanzo a comprender-, nos unió a todos bajo la sombra de la literatura killer.

Vara
15 de febrero
23.40

Las noches salvajes.


La noches salvajes.

A veces recuerdo a una buena amiga que murió de sida. Nos conocimos en el instituto, luego fuimos a la universidad juntos e hicimos amigos comunes. Compartimos salidas, fiestas, amores y desamores. Fue una buena época de mi vida, donde los excesos de la bebida y la escritura se daban la mano. Luego, ella se enamoró de quien no debía y, lo peor, se contagió de lo que no debía. Aquellos años eran duros para una enfermedad como el sida, que estaba estigmatizada hasta en la pronunciación de su nombre. Mi amiga cayó en sus garras y se fué de forma descarnada, dura, brutal.
Después de eso, pasé un tiempo a la deriva y dí de bruces con una estupenda novela: “Las noches salvajes” (1989), de Cyril Collard (19 de diciembre de 1957 - 5 de marzo de 1993), una historia decididamente autobiográfica del propio Cyril , donde derrocha grandes dosis de sinceridad y emoción. Las críticas dijeron de ella que era una obra innovadora, reveladora, sorprendente, escrita con fuerza y agilidad y nueva en el panorama de la literatura francesa contemporánea. Años más tarde el propio Collard dirigió e interpretó su adaptación al cine, muriendo poco después de su estreno a la edad de 35 años.

Sinopsis:
“El protagonista tiene 30 años y le gustan los chicos, en particular Samy, un poco golfo, y Jamel, «hijo del Islam y de la Coca-Cola». Pero también están todos esos cuerpos anónimos que se apoderan de él durante los perversos ritos de las noches salvajes. Además, como quien no quiere la cosa, también le gustan algunas chicas. Sobre todo Laura. Parece quererlo todo. O tal vez no quiera nada. Es seropositivo. Por cobardía o miedo de perder a Laura, no se lo dice la primera vez que se acuestan. Puede haberla contagiado. Pero ella tiene 17 años y lo ama con locura ; ya no pone límites a su amor y, pese al mal que ya debe de habitar su cuerpo, recurre a todos los medios para no perderle : ruegos, violencia, mentiras, chantajes. Se toman y se dejan con una pasión compulsiva, al mismo ritmo frenético con que esos jóvenes condenados a muerte circulan en moto, copulan en la sombra debajo de los puentes, se someten a brutales rituales, se drogan, beben y escuchan música hasta reventar, se entregan al sexo con la energía de la desesperación, del que no tiene nada que perder y sí algo que ganar mientras un soplo de vida se lo permita.”

La noches salvajes es un libro/película donde podemos apreciar como Cyril Collard nos intenta transmitir un mensaje sobre el sentido de la vida desde el punto de vista de alguien al que le queda poco tiempo (un enfermo Terminal con una enfermedad innombrable), pero a pesar de ello, se sigue aferrando al amor y al sexo con algo similar a la desesperación evitando asumir su enfermedad, lo cual dota a su personaje de una honestidad pura y dura. Su personaje es real, es humano, es conflictivo… incluso inmoral, pero rebosa autenticidad por todos los poros. Mucho de lo planteado en Las noches salvajes me recuerda a mi amiga que murió… A veces, es duro el poder evocador de ciertas historias que no forman parte de tu vida, pero que te remiten a ella de forma tan brutal y directa.
Cyril murió con 35, mi amiga con 29.
A ambos gracias por formar parte de mis recuerdos…

Wednesday, July 16, 2008

Léolo, porque sueño no lo estoy


LEOLO, porque sueño no lo estoy…
Título: Léolo
Director: Jean Claude Lauzon
Año: 1992
País: Canadá/Francia/Reino Unido
Interpretes: Máxime Collin (Léolo), Ginette Reno (Mamá de Léolo), Julien Giomar (Abuelo), Gilbert Sicotte (Narrador)


"Porque sueño no lo estoy. Porque sueño, sueño. Porque me abandono por las noches a mis sueños antes de que me deje el día. Porque no amo. Porque me asusta amar. Ya no sueño. Ya no sueño. A ti la dama, la audaz melancolía, que con grito solitario hiendes mis carnes ofreciéndolas al tedio. Tú que atormentas mis noches cuando no sé qué camino de mi vida tomar... te he pagado cien veces mi deuda. De las brasas del ensueño sólo me quedan las cenizas de la mentira, que tú misma, me habías obligado a oír. Y la blanca plenitud, no era como el viejo interludio y sí, una morena de finos tobillos que me clavó la pena de un pecho punzante en el que creí, y que no me dejó más que el remordimiento de haber visto nacer la luz sobre mi soledad".

Ví Léolo cuando se estrenó en Barcelona en uno de aquellos entrañables cines que pasaban películas en versión original. Año 1992. Cuando salí del cine recuerdo me encontraba bastante alucinado con la historia que acababa de ver. Una historia que, en uno de sus planos más delirantes, plantea que el personaje es fruto de la unión entre su madre y un tomate cargado de esperma. Léolo busca escapar de la locura que le ronda por pertenecer a la familia a la que pertenece y fantasea incluso sobre la posibilidad de que su padre no fuera su padre. El amor por su vecina Bianca y el acto de escribir le alejaran de esa locura y miseria familiares en las que se haya irremisiblemente inmerso.

“...Bastaba con que me pusiera a leer o escribir para que Bianca viniera a cantar para mí. El domador tenía razón había un secreto en las palabras engarzadas...”

"Mi madre, que navegaba como un gran barco en el mar de la locura"


“Léolo es una película sobre la redención que implica la escritura, y sobre el fracaso de tal redención”. Es una película sencillamente hermosa a la par que brutal. La escatología asociada a la figura del padre y el miedo profundo asociado a la figura del hermano, que se refugia en el culturismo para superar sus traumas personales y que acaba cayendo inevitablemente en el más absoluto de los fracasos. La mejor manera de superar un trauma es enfrentarse a él. Si no lo hacemos, el trauma volverá para hundirnos en nuestra no aceptación del yo.
Léolo no acepta su realidad. No acepta la miseria de su existencia. Escapa de sus traumas a través de la luz, a través de la voz de Bianca, a través de los maravillosos paisajes de Sicilia. Léolo escapa de la locura creando una locura paralela en su mundo interior, en su universo mental de niño. La escritura. La pasión por escribir como única salida al trauma original, a la propia existencia, a un entorno familiar amenazado por el gran fantasma de la enajenación mental.
Léolo es una de las mejores películas que he visto en mi vida y como alguien dijo acertadamente es una especie de película cicatriz, de esas que perduran a lo largo de los años en la piel. En la piel interna. En la que duele, en la que se emociona, en la que siente, en la que sueña, en la que escribe…

Jean Claude Lauzon murió pocos años después en un accidente aéreo junto a su pareja. Léolo era su seguna película y yo ni siquiera ví la primera. La vida es una putada, desde luego, pero afortunadamente nos quedará para siempre esta película, para volver a ella siempre que pensemos que la locura nos ronda. A veces, yo soy él… ese niño llamado Léolo y, a veces, también deseo ser ese otro personaje: “el domador de palabras”, el escritor… el que escribe como única salida para escapar de este mundo absurdo y miserable en el que nos ha tocado malvivir.

Gracias, Jean Claude… y un brindis a tu salud, donde quiera que estes.

Vara.