Sunday, January 15, 2012

La Princesa Inca

La Princesa Inca



 
Hablábamos a los árboles, hicimos el amor a los árboles, besábamos a los árboles. Una ambulancia vino a buscarnos, nos ataron. Ellos siguieron hablando a sus dioses, de rodillas en las iglesias, masturbándose ante una tele. Nosotros seguimos atados y pinchados con Haloperidol mientras leían y creían sus cartas astrales por internet...Pero sí, los locos, los paranoides éramos nosotros.. Porque hablábamos a los árboles y porque les hacíamos el amor. Ellos eran los cuerdos.

Cristina Martin






ENTREVISTA: La Princesa Inca
RAFAEL RUÍZ 27/03/2011


http://www.elpais.com/articulo/portada/versos/locos/Princesa/Inca/elpepusoceps/20110327elpepspor_4/Tes

Los versos locos de la Princesa Inca

Dicen los médicos que es bipolar, esquizoafectiva. Dice ella que la crisis que sufre desde hace diez años y la fuerte medicación la dejan como un zombi. Princesa Inca / Cristina Martín remueve conciencias desde la radio y ahora desde un estremecedor libro de poesía.

Ha necesitado dormir 14 horas antes del encuentro con el periodista. "La medicación me deja como un zombi". Lleva así más de diez años. "Administradme dosis fuertes de pastillas / para que no sepa pronunciar ni mi nombre / para perder el sentido de estar sintiendo / el sopor de una existencia llena de puñales".

"Un día te levantas y estás distinta.De repente, me sentía la reencarnación de una princesa inca"

"Más que tristeza, son miedos. Tengo un amigo que oía voces; le acompañaban. Se las quitaron y la soledad le parece más terrible"

"Escribir ha sido mi salvación. También la música. En mis épocas más duras, Camarón me ha dado mucha fuerza. Lo llevo tatuado"

Princesa Inca (Cristina Martín, Barcelona, 1979), jardinera, estudiante de psicología, diagnosticada como bipolar, o con trastorno esquizoafectivo -depende del doctor"-, "loca" -dice ella misma-, colaboradora del programa La ventana, de Gemma Nierga, en la cadena SER, acaba de publicar La mujer-precipicio (Libros del Silencio), donde se incluyen estos versos de Administradme pastillas: "Pastillas que rectifican a los que sueñan, / más de lo previsto, / más de lo que a vosotros os hace falta".

Pero mejor eso que el insomnio, que es blanco y enloquece... "Blanco como la blusa Armani / que come del sudor y la espalda doblada de mis padres. / El insomnio es blanco, blanco como la luna, como la nevera vacía, / como el arroz hervido de los pobres. / Blanco como las sábanas blancas en las que lloras / porque no encuentras la salida. / El insomnio es blanco, / blanco sucio como el patio de la cárcel, / blanco como las batas y las correas del psiquiátrico".

Se lo echa en cara a la sociedad normal. Desde la radio, desde su libro de poesía (el primero), desde esta entrevista (una de las muy pocas) en Gracia, fumando en la terraza de un bar de una plaza de su barrio de Barcelona: "Las enfermedades mentales siguen siendo un tabú. Apenas se habla de ellas, y eso da pie a que no se debata, no se investigue lo suficiente. La sociedad, la sanidad pública, lo único que hacen es administrarnos pastillas, narcotizarnos, para que les dejemos tranquilos. Poco más. En estos diez años en los que he sufrido crisis, el tratamiento poco ha variado. Mi padre era transportista; mi madre, ama de casa y costurera; yo no tengo dinero para pagarme psicólogos ni psiquiatras privados. Te dan pastillas que te anulan, pero no se paran a escucharte para intentar averiguar qué pasa".

"He sufrido tres grandes crisis, en las que las subidas y bajadas son brutales, extremas. La primera, con 20 años. Un misterio. Un día te levantas y estás distinta. No sé por qué. Estaba en la Universidad estudiando psicología. Y, de repente, me sentía la reencarnación de una princesa inca. De ahí el nombre con que firmo.Y luego, otra más, cuando trabajaba como jardinera; es verdad que curraba mucho, 13 horas diarias". Y luego, otra más, hace año y medio, cuando murió su padre de repente, de un ataque al corazón, en la que tuvo que ser sometida a terapia electroconvulsiva (electrochoque), pero de eso prefiere no hablar. "Fue un palo muy grande. Mi padre era muy buena gente. Yo estaba muy unida a él. Fue demasiado para mí. Me internaron tres meses. Y luego estuve mal otros seis. Como secuela, me ha quedado la agorafobia. Ahora me da miedo coger el metro sola. No lo sé explicar. Pero es así. Ya sé que no es racional. Los tratamientos son muy fuertes. Y cuando te internan, tú no entiendes nada. Te atan, te sujetan, y tú crees que es un compló contra ti, porque en los momentos de euforia tú estás arriba del todo, y te crees una princesa inca, o Janis Joplin, y no entiendes nada, por qué te encierran, por qué te atan. Como decía Panero (el escritor Leopoldo María Panero): en un psiquiátrico entras hablando de la Virgen y sales hablando de nada".

-Pero ¿qué se siente?, ¿una tristeza enorme?

-Más que tristeza, son miedos. Es muy complicado lo de la mente. Es que a veces no puedes tirar para adelante. Tengo un amigo que, por ejemplo, oía voces por la mañana. Yo no, nunca he oído voces. Pero él sí. Y cuando se las quitaron, con fármacos, sentía una soledad tan grande que él decía que era más terrible que las voces, que las voces le acompañaban. No se puede intentar homogeneizar a todos por igual. Si esas voces te dicen cosas positivas, ¿por qué quitarlas? Los niños las oyen, tienen amigos invisibles, que les ayudan a desarrollar su imaginación. Y no creo que sea bueno callárselas. ¿Por qué todos tenemos que ser iguales? Quizá para que seamos más manejables. Dicen que estamos locos, pero te fijas en cómo actúan los políticos, la Iglesia, los ejércitos, y ¿esos no están locos?

Princesa Inca-Cristina escribe desde que lo recuerda. Se crió escuchando los versos de Lorca que le leía su madre. Tiene una estantería de su pequeña habitación llena de libretas con goma con sus pensamientos escritos a mano. "Ha sido mi salvación. No sé qué habría sido de mí sin esto". Pero compone versos como vomitando, echando todo fuera, haciendo daño, hurgando, no busca estéticas: "No se trata para mí de un trabajo, no me esmero, no cuadro, no / perfilo, no borro, no reviso, no perfecciono. Son gritos" (No son palabras, sino gritos).

"¡Despierta, princesa, muñeca, caricatura, flor, puta, vacía, gitana, rota entraña! (... ) ¡Despierta, máscara inútil! No llores, que destiñes tus zapatos rojos, y tus vestidos de hilo, y te quedarás descalza, y entonces... Ay, ya verás qué frío, y qué muerte, y qué nada más y nada más, nada más, puta Princesa, loca, ya verás, llorona, descalza y muerta, deja de llorar o ya verás. / Nadie se paró en la Gran Vía... Y yo solo quería, para no ver, coserme los ojos".

-¿Volverá a estudiar psicología?

-Sí, en septiembre quiero comenzar de nuevo, poco a poco, porque me canso mucho. ¿Te imaginas, teniendo los conocimientos, y con mi experiencia, lo que puedo ayudar a otros que se sientan como yo? Porque yo creo que uno de los grandes problemas es la incomunicación. Las enfermedades mentales afectan sobre todo a las sociedades desarrolladas, porque yo creo que hay mucha soledad...

-¿Y las redes sociales virtuales?

-A mí el abuso del mundo virtual me da miedo. Perder los olores, las miradas...

-Su querida poetisa argentina Alejandra Pizarnik era adicta a las anfetaminas. ¿Princesa Inca ha sido adicta a algo?

-No me gusta hablar de drogas. Estoy en contra de su consumo, son muy malas para la cabeza, te atrapan y dependes de ellas, y ya no eres persona libre. Bastante tengo ya con las legales. Uno de mis sueños es levantarme a las siete y aprovechar la mañana, disfrutarla, sentirme viva, y no tambaleándome por la medicación.

-¿Cree en Dios?

-No soy atea. Sí creo que después de morir hay algo, que de alguna manera seguimos en un paraíso personalizado, a la medida de cada uno, que hay algo en ti, energía, alma, pensamientos, una conciencia, que continúa, en otra dimensión pero continúa, según lo que tú has querido ser; no creo que tras la muerte se diluye todo, creo que no viene la nada, pero no creo que haya un solo lugar donde vamos todos...

"Dios en lugar de hacernos nos deshizo / y quedamos desamparados y desnudos / al abrigo de trenes y autovías, / desproporcionadamente solos, / llenos de un viento de incertidumbre, que nos tambalea y nos tumba, / que nos deja paralizados ante la duda / inexacta y rara / de seguir existiendo" (Dios en lugar de hacernos nos deshizo).




(Ilustración: Angat Art)
Princesa Inca tiene ascendencia gitana; su bisabuela por parte de madre se llamaba Carmen Reyes Cortés, y era gitana de Granada, del Albaicín. Cristina Martín vive con su madre, su abuela de 94 años, su tía abuela de 92 y su hermano de 23, a quien le dedica algunos versos: "En esta familia tenemos una indigestión de sueños y vacíos, / genética y estirpe de gitanos enloquecidos". "¿Dónde te perdimos, que no sabemos desrecorrer el camino?". "Sé que volverás, y yo espero al otro lado de la casa". Desde hace cinco años colabora un día a la semana en las tertulias de la SER. Gemma Nierga la descubrió cuando entrevistó a un colectivo de Radio Nikosia, un programa dentro de las emisiones libres de Radio Contrabanda hecho por enfermos mentales. Y hasta hoy. "Es tan distinta a todos, tan poco convencional, la sientes tan cercana y lejana a la vez, en su mundo", dice Nierga, "que yo con ella me siento traspasada, sé que ante ella yo no puedo montar ningún personaje, que me ve como realmente soy. Sus poesías son muy duras, dolorosas; pero me gusta su capacidad para crear imágenes nuevas, como esos versos de 'yo sólo quería coserme los ojos para no ver...".

Princesa Inca pinta ahora cuadros caóticos -"psicodélicos, naif, oníricos, de tripi", los describe ella- que llenan las paredes de su habitación pequeña, escribe, habla con su madre, pasea por los parques de Barcelona, queda con las amigas -ninguna me ha fallado, sigo teniendo las mismas de la adolescencia". Aunque le gusta viajar, ahora lo hace poco, por la agorafobia. Y escucha música. Sobre todo flamenco... "En mis épocas más duras, Camarón me ha dado mucha fuerza". Lo lleva en la piel, junto a otros cuatro tatuajes: una roza azul -símbolo de los románticos alemanes-, otra flor y dos mariposas. Hoy también lleva un colgante con una imagen de un hada mariposa. Y en los dibujos que le ha hecho su amiga Mercè López para el libro hay espejos que devuelven una imagen distorsionada y también hay mariposas. Y en la foto de la solapa del libro de La mujer-precipicio lleva un clavel rojo de gitana y una mariposa roja en la boca, la misma con que abre su blog. "Es un libro que lo he querido dedicar a mujeres que tenían una batalla consigo mismas, más que con el mundo, con ellas, mujeres en el límite, como yo. A mujeres como Sylvia Plath y Alejandra Pizarnik".

"No me entregues, / tristísima medianoche, / al impuro mediodía blanco". "¿Qué bestia caída de pasmo / se arrastra por mi sangre / y quiere salvarse? / He aquí lo difícil: caminar por las calles / y señalar el cielo o la tierra". (Alejandra Pizarnik, 1939-1972).

Hoy Princesa Inca lleva un abrigo morado y un jersey rojo de cuello alto. Menos pelirroja que otras veces. Y tras dos horas hablando con el periodista, el espejo de las preguntas le devuelve una imagen de enorme cansancio. Quiere escapar ya de los espacios abiertos, de la calle, las preguntas, nuestra realidad... A veces es difícil caminar por las calles y señalar dónde está el cielo y dónde la tierra. "Ya solo pienso en irme a nadar".

"He pasado al otro lado del espejo, he enloquecido / y recuerdo no haber visto allí vacío o negro / detrás del miedo, lejos del miedo máximo, / detrás no hay oscuridad o frío, / detrás del miedo y la locura / hay un prado larguísimo"

(/para no volver del otro lado del espejo/).

Gonzalo Canedo, su editor, que la descubrió por la radio -me gustaba lo que decía, y cómo lo decía, su voz tan grave... "-, cuenta que la preparación del libro, aunque Cristina ya tenía los versos construidos, se alargó más de dos años porque, cuando empezaron a hacer la selección, murió su padre; quedó tan tocada que la tuvieron que internar... "Cuando fui a visitarla a la clínica, su mirada era especial, una mirada como no he visto nunca, como de muerta, pero a la vez con una luz que atravesaba todas las barreras, como saliendo desde muy adentro. Es lo que dice en el final de uno de su poemas: 'A todas esas pupilas tan dilatadas de tanta química, / que miran aturdidas y absortas / pero tienen la luz más hermosa'. Es lo que le pasa a todo el que la conoce, que es tan ingenua y tan pura, con tan pocas barreras y convenciones de las que nos coloca la sociedad, que a la fuerza acabas rindiéndote a ella, sintiendo ternura por ella".

"A los que no soportaron el túnel y se fueron para siempre, / a los que atravesamos cada día el túnel / agarrados aunque sea a las paredes negras / (... ) a los psicólogos que dan besos. / A los que hemos transitado por el infierno y por el cielo / y no queremos volver más allí. / Y sobre todo / a todas esas pupilas dilatadas de tanta química / que miran aturdidas y absortas / pero tienen la luz más hermosa" (A los que se quedaron dormidos en el nunca).



Princesa Inca, poeta, soñadora psiquiatrizada

Victor-M Amela, Ima Sanchís, Lluís Amiguet



"Un centro psiquiátrico es una casa de torturas"



Princesa Inca, poeta, soñadora psiquiatrizada

Victor-M Amela, Ima Sanchís, Lluís Amiguet

"Un centro psiquiátrico es una casa de torturas"

24/03/2011 - 00:45




Víctor - M. Amela

'La mujer-precipicio'

Cristina es más conocida como Princesa Inca, y colabora desde hace seis años en la "tertulia de locos" de 'La ventana' de Gemma Nierga (cadena Ser, de cinco a seis de la tarde de cada viernes). Desde niña ha escrito poemas, su bálsamo íntimo ante las heridas hondas que el hecho de estar viva le inflige. Ahora publica el poemario 'La mujer-precipicio' (Libros del Silencio), que así es como se siente ella, con el deseo de que sea un "homenaje a todas las mujeres que viven al filo del precipicio sin precipitarse". Su poesía es potente, cruda, contundente y convincente, sin filtros. La Princesa Inca (laprincesainca.blogspot.com) reivindica la sabiduría del loco. Es la que contienen sus bellos poemas.

Princesa Inca... ¿por qué?

Hace siete años ingresé en el hospital psiquiátrico sintiendo que era una princesa inca.



¿Qué recuerda?

Que estaba muy regalada en Machu Picchu, con vistas a unas cumbres preciosas. Era un mundo bello e ideal...



¿Qué le dijeron los médicos?

Que era un falso recuerdo, que era parte de mi enfermedad.



¿Qué enfermedad?

Trastorno esquizoafectivo, mezcla de bipolaridad y esquizofrenia: me etiquetaron así.



¿Y qué piensa usted?

Yo sentía conocer ese lugar: ¿alguien realmente está en condiciones de negarme que se trate de un recuerdo de otra vida?




¡Nadie puede! Y discrepo de mi etiqueta médica: ¿por qué meterme a mí junto a otro montón de personas bajo una determinada etiqueta? Carece de rigor: ¡debería haber una etiqueta para cada persona!



¿Por qué la ingresaron a usted?

Tenía brotes sinestésicos: un sonido olía, un color sonaba, las percepciones interactuaban y sentía ser Buda, ser Jesús... Pasaba por arrebatos místicos, extáticos...



¿Quién la condujo al hospital?

Un grupo de amigos, al verme dialogando con Janis Joplin, con Camarón...



¿Cómo se sentía?

Yo bien: a mí no me parecía que estuviese pasándome nada extraño...



Pero la ciencia médica tiene sus criterios y sus protocolos.

Discutibles: ¿quién traza la línea entre cordura y locura? ¿Y por dónde la traza? ¿Y por qué? ¿Y por qué ahí y no allá?



Respóndase.

Yo no estoy loca: ¡estoy psiquiatrizada!



Diagnosticada.

Hay mucha gente que está como una puta cabra... pero sin diagnosticar. Y dirigen diarios, teles, bancos, clubs de fútbol, países...



“La única diferencia entre un loco y yo es que yo no estoy loco”, que decía Dalí.

Un loco es un hipersensible al que le duele la realidad hasta lo insoportable.



¿Hasta el suicidio?

Es una opción. Estuve al filo, pero sopesé el dolor que cargaría sobre gente que amo.



¿El arte ayuda?

Sí. Muchos pintores, escritores, poetas, músicos, cantantes, filósofos –¡Nietzsche!–, artistas... podrían ser encerrados (y a veces lo fueron), pero con prestigio, poder, carisma o dinero, te llaman excéntrico, te perdonan y te respetan. Si no... ¡te encierran!



¿Se sufre en un psiquiátrico?

Un psiquiátrico es una casa de torturas. Te tratan como a un escombro. Cuando ingreso, siempre hay un momento en que necesito pasearme desnuda por los pasillos... ¿Y sabe cuál es la reacción de los médicos?




Reducirme, atarme, inmovilizarme, sedarme y aislarme. ¡Nos quieren tranquilos y babeantes! Para ellos, todo es mero mecanicismo bioquímico, desdeñan las emociones...



Falta de humanidad, de sensibilidad.

Me han etiquetado, y eso conlleva fármacos, y el Estado paga a la industria farmacéutica por mis fármacos...: ¡qué gran negocio! Psiquiatrizan ya a niños, que seguirán estándolo hasta la vejez... ¡Jugada redonda!



¿Y cuál es la alternativa, Princesa?

Tratamientos psicológicos para dilucidar el origen de mi conducta, para comprenderla. Pero eso... implica demasiados esfuerzos.



¿Ha intentado alguna psicoterapia?

Ya me gustaría, pero las terapias alternativas cuestan demasiado dinero: no puedo.



¿La locura se cura?

En muchas culturas, al loco se le escucha: se acepta que accede a otra comprensión de la realidad, a una lucidez. Y es el chamán, es el oráculo. Pero aquí no: ¡aquí da miedo!



¿Por qué será?

Porque se prioriza cierto orden preestablecido, y si alguien grita, canta, danza, si “no toca”... ¡ah, eso altera y espanta mucho!



¿A qué cree que tenemos más miedo?

A la locura. Al dolor. A la muerte. Yo no.



¿No?

No. La muerte es una puerta de la vida a otra dimensión de paz. Y el dolor es parte de la vida, así que anestesiarlo equivale a anestesiar parte de la vida misma.



Buf, cuesta aceptar esto...

Ya. Yo he aprendido a estar triste sin sentirme culpable, a decir a los amigos “hoy estoy triste, prefiero estar sola”, sin disimulos, sin avergonzarme por ello. ¡Y no pasa nada!



¿Cómo le ayuda la poesía?

¡Es mi mejor refugio! El poeta puede decir “la luna me mira” o “la noche me habla” sin que por ello le encierren... La poesía es vecina de la locura, pero como es sólo poesía... no te encierran, ja, ja. ¡Es mi mejor terapia!



¿La poesía puede sanarnos?

Alivia mucho ver fuera de ti lo que antes estuvo dentro. Ahí puedo hablar con todo detalle y sin pudores del sexo, el dolor, la muerte, el insomnio, la locura, la risa...



¿La risa?

Yo me río de las cosas terribles que me han pasado, y eso me ayuda. El humor redime.



¿Qué es la locura?

No existe. ¡Llamamos locura a lo que le pasa a gente que sueña despierta!



¿Cómo querría vivir?

En una casita en el campo, con un huerto y con mis personas queridas, gozando de lo importante de la vida.



¿Y qué es lo importante de la vida?

Sentir que amas y sentirte amada.



Poesía excéntrica para tiempos convulsos : Princesa Inca


(Dibujo: Angat Art)


“Yo no estoy loca: estoy psiquiatrizada” (Princesa Inca)



Princesa Inca (Cristina Martín) ingresó a los veinte años en un centro psiquiátrico sintiendo que era la reencarnación de una princesa inca. Por su mente danzaban bellos y pacificadores parajes de ensueño, a los que sentía pertenecer mucho más que al mundo que le mostraban sus sentidos. Hasta entonces su vida era la de cualquier otra estudiante de psicología en la universidad. Tras aquel episodio le diagnosticaron una mezcla de bipolaridad y esquizofrenia.

Y aplacaron sus sueños a base de pastillas.

La sociedad de cuerdos a la que ella no sentía pertenecer la etiquetó de loca. Volvieron su mente dócil y le hicieron creer que sus experiencias ancestrales sólo eran producto de su enfermedad. Pero ella siempre se ha resistido dentro de esa camisa de fuerza química, que era y es su medicación:

“¿Quién puede asegurarme que no son recuerdos de otra vida? ¿Y quién puede etiquetarte de loco? ¿Quién traza la línea entre cordura y locura? Dicen que estamos locos, pero te fijas en cómo actúan los políticos, la Iglesia, los ejércitos, y ¿esos no están locos?”

La escritura se convirtió así en una salida. En realidad, en la única salida. Princesa Inca sentía que en ese terreno nadie podría amordazarla ni drogarla hasta dejarla sin sentido.

En su escritura sería quien ella quisiera ser. Y, de ese modo, comenzó a escribir poesía y a regurgitar todo aquello que, hasta el momento, le habían impedido contar. Sin florituras, de un modo brusco y casi desesperado: “La poesía es vecina de la locura, pero como es sólo poesía no te encierran.”

A día de hoy, Cristina alterna varias facetas: jardinería, sus estudios de psicología en la universidad, sus colaboraciones leyendo poemas en la cadena Ser y su poemario recién publicado este mismo 2011: La mujer precipicio, cuyo título da buena cuenta de su forma de vida.

Si quieres saber más de Princesa Inca, te sugiero que leas su blog:




(Dibujo: Angat Art)

Unos poemas de Princesa Inca:

1.



este hueco en el pecho no sé si tiene las horas contadas… escucho Cohen en un locutorio de Gracia… soy un perro vagabundo que ronda por la ciudad rebuscando en las basuras… he encontrado poemas en las aceras de otros y tengo ganas de llorar pero llevo meses sin hacerlo… leo sentada en el suelo del metro sepultada entre los viajantes… cada pasajero blinda la mirada para no expresar ni un ápice de sensibilidad… parece un tren con destino auschwitz,sin embargo en muchos casos el destino son las rebajas… y escribo… no tardes en besarme la espalda…

no tardes que suena la noche a desorden y la saliva cae sin infinito/ no tardes en morderme la piel que llevo heridas para tu boca/ porque huelo a desorden/ porque huelo a tierra de nadie/ no tardes que ya huyo de mí y soy la estatua que no puede moverse pero detiene el aire/ no tardes/ es ahora el día/ cerca de mis ojos se sitúa el siniestro de alguna tormenta de palabras/ porque no se sabe la hora ni el día ni el minuto/ pero no tardes/.



2.

Dime la exactitud del mundo,

qué camino tomar,

qué hambre inicia la tormenta ,

la escuálida razón de existir

y la soleada pregunta que no conozco,



dime la mesura concreta ,

dime la piel y la situación para huir,

dónde se duermen los sueños ,

y dónde se confunde el fin y el origen



dime para qué

dime acaso si será o no será jamás



dime quién soy

dime quién soy

¿Quién soy?





3.





La mujer agarra sus dientes y sus huesos

y huye a cualquier desierto cercano

los metros registran en sus vías lágrimas y desorden

el cemento manifiesta ganas de llorar y llora entre adoquines

y cigarros apagados

muchas veces siente la libertad en los ojos

mirando como huyen las palomas de la muerte

como huye la saliva de boca en boca amándose



la mujer agarra sus bártulos y su olvido y sigue su camino

aunque no haya camino

aunque en lugar de una mujer sea sólo una fuente

las mariposas negras se posan en la lengua de los dormidos

y tragan la sangre de todas las madres que desaparecieron



así se sitúa la vida en el vientre del universo

engañando a los que parecen entenderlo todo

sin recordar que en una hora no conocida serán cadáver y sombra



el hilo del infinito juega con las noches oscuras

mientras dos niñas se besan y desaparecen sus almas

camino de un paraíso irreconocible



yo me desnudo y recorro el cuerpo de los fantasmas

con un miedo atroz a desaparecer en el delirio

y a la vez con unas ganas irresistibles de fundirme en él



mis brazos abrazan el aire y escupen versos

mi garganta sufre humo y palabras



despierto al alba insomne y perdida

con la sangre atiborrada de Litio y espera

con las pupilas grandes y erráticas



mi alma tiene un hambre grande de sueños y vísperas de desorden

mis manos conocen el tacto de otra mano enemiga



así transcurre el tiempo entre muertes y juegos

entre el primer error y el segundo y el tercer error

sin saber dónde situar la verdad y el engaño más absoluto

sin saber el origen de todo lo que parece existir y parpadea



los monstruos sonríen sin saber porqué

aposentan sus faces en los pechos de las luciérnagas desnudas

y confunden su luz con el resplandor del sol muriéndose



así por fin viajaremos al sueño y no volveremos de él

así por fin conoceremos el destino de los enloquecidos

que confunden cadenas con abrazos tibios



así regresaremos al vientre plácido y húmedo

y no volveremos al territorio de la memoria



así las mujeres cogeran su útero y huiran al océano

donde se alimentaran de su propia carne



huiran lejos, lejos, lejos



donde nadie niegue sus delirios de destellos azules.





4.



el monstruo me puso un beso en la boca

se inició así el camino certero hacia lo insondable

se iniciciaron así el paraíso y el infierno

los labios sonríen

y la garganta habla de trozos de cielo y abismo



somos quizás un reflejo obtuso

unos cuerpos que crean poemas

y destruyen verdades sucias



somos quizás un aparato de olvido

y una granja de animales oníricos



la madeja del mundo

crispa sonidos y un amor líquido



se destartalan los sueños

dando paso al sexo y a la luz



es difícil distinguir el que persigue

del que es perseguido



pero no es difícil distinguir el ciego de ojos

del cielo de alma y pensamiento



asi entre incertezas masticamos el mundo y la muerte

aspirando a conocer un narcisismo que duele

en la mejilla



atravesamos el puente de la vida

pero todos desapareceremos al alba algún día



al alba,al alba

algún día borraremos nuestro destino



(Ilustración: Angat Art)





3 comments:

concepto-aparte said...

Qué grande Cris, que no será vencida por los cuerdos, si acaso por los árboles si dejan de amar.

Salud por los dos.

atrocity exhibition said...

Abrazo poético, Mareva!
(un día te contaré una propuesta que tengo en mente para tu brutalmente hermosa obra poética)
Vara

la princesa inca said...

este atroz blog es genial ,estoy buceando en él, es maravilloso,
gracias por entregarnos Vara todo u universo...
Mareva, tus palabras son mi inspiracíon y fuerza diarias
gracias

de loca a loca y con gran orgulloooooooooooo